Skip to content

Hoja de ruta de los bancos centrales, ¿cachondos, cínicos o iletrados?

Christine Lagarde (BCE) y Jerome Powell (FED) en el Foro del BCE en Sintra (Portugal) en junio de 2022. Foto: ECB.

Artículo publicado originalmente en elsaltodiario.com por Juan Laborda.

No salgo de mi asombro. Hace unos días, el vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, alzó la voz para avisarnos de que “prevé que algunos hogares, empresas y gobiernos de la zona del euro tendrán problemas para devolver sus deudas tras las subidas de los tipos de interés”. Resulta asombroso escuchar de boca de quien es, en última estancia, uno de los corresponsables de la política monetaria del BCE. Uno de los responsables de que la intensa subida de tipos de interés implementada desde finales de 2022 afecté a la economía real vía quiebras empresariales y familiares.

La esquizofrenia se completa bajo otra afirmación abracadabrante que podemos leer de mano del regulador (página 13 del último Informe de Estabilidad Financiera): “El endurecimiento de la política monetaria ha contribuido a moderar las presiones inflacionarias en el área del euro y en otras geografías, y a estabilizar los riesgos derivados de la elevada inflación”. Obviamente solo hay tres posibilidades: o son unos cínicos (ocultan el objetivo último de tales subidas), o no saben lo que hacen (desconocen la naturaleza de los dos últimos procesos inflacionarios), o son unos cachondos guiados por el Diablo Cojuelo. Posiblemente se dé una mezcla de todas ellas.

La mezcla de políticas económicas impuestas por organismos nacionales y supranacionales, no sujetos al control democrático, corre el riesgo de llevarnos a una recesión profunda en 2024-2025. Por un lado, los bancos centrales, con su absurda restricción monetaria; por otro, en el caso europeo, las presiones de una burocracia funcionarial presente en la Comisión Europea o en organismos como la Airef, que no paran de bramar por una consolidación fiscal, en lo que no deja de ser un absolutamente desconocimiento de las balanzas sectoriales de Wynne Godley.

¿Ante quienes responden los responsables de estos organismos por sus tomas de decisiones cuando cometen errores flagrantes de diagnóstico que afectan al bienestar de la ciudadanía?

La pregunta es sencilla, ¿ante quienes responden los responsables de estos organismos por sus tomas de decisiones cuando cometen errores flagrantes de diagnóstico que afectan al bienestar de la ciudadanía? La situación se complica, y de qué manera, cuando en última instancia sus decisiones benefician ciertos intereses de clase.

Breve análisis de los dos últimos episodios inflacionistas

Desde mi análisis de los datos, la aproximación de los Bancos Centrales al último episodio de inflación deja bastante que desear. Los dos últimos episodios inflacionistas, 2007-2008 y 2021-2023, presentan un inició común, el aumento de los precios de la energía y alimentos no elaborados, es decir, aquellos componentes del IPC cuyos precios que se fijan básicamente en los mercados derivados de materias primas. Fuimos los primeros en predecir y avisar, desde la economía financiera, de dichas dinámicas, asociadas al error histórico de desregular los mercados derivados de materias primas a finales de los 90 y principios del siglo actual. Éstas han perdido las propiedades que en su momento se utilizaron para justificar dicha desregulación. Como activo financiero, cuya inversión se puede realizar vía derivados en diferentes índices, ya no solo no permiten una cobertura de la inflación, sino que en realidad han activado los procesos de repuntes de precios recientes. Sin embargo, la dinámica posterior en los dos episodios inflacionistas recientes varió sustancialmente.

El repunte inflacionista de 2007-2008 se frenó en seco cuando estalló la burbuja inmobiliaria y de activos financieros de riesgo –bolsa, bonos corporativos, materias primas…- alrededor del mayor ciclo de deuda privada de la historia. No solo eso, sino que la recesión de balances privados subsiguiente, que dio lugar a la Gran Recesión, conllevó un proceso deflacionista intenso. Pero el repunte de precios entre febrero de 2021 y julio de 2022 en energía y alimentos elaborados sí que se trasladó, en primer lugar, a bienes industriales no energéticos, como consecuencia de ciertos cuellos de botella asociados a la pandemia, y, a continuación, al resto de componentes del IPC, especialmente alimentos elaborados, pero también a servicios.

La literatura académica reciente trata de analizar que está detrás de esta segunda fase del repunte de precios. Intuitivamente me decanté desde un principio por una inflación de márgenes empresariales, o inflación de vendedores, siguiendo la terminología acuñada por Abba Lerner para desvincular el exceso de demanda agregada de la inflación. Pero debemos reconocer que existe otra explicación alternativa desde la óptica de otro economista también postkeynesiano, Michal Kalecki: el aumento en los precios de los materiales y los insumos primarios, incluida la energía, se traduce en un aumento en la participación de las ganancias en el valor agregado de la economía. Los aumentos en los costes materiales unitarios, en relación con los costes laborales unitarios, han llevado a un aumento en la participación de las ganancias en el valor agregado, lo que se refleja en el aumento de los márgenes de ganancia observados. En definitiva, el aumento de los beneficios empresariales y la participación de los mismos en el valor agregado, se pueden explicar sin recurrir a una explicación basada en que las empresas se aprovechen de la situación y aumenten sus márgenes de beneficios.

Tratando de entender a los bancos centrales

Sin embargo, lo que queda muy claro es que la interpretación de los bancos centrales que decidieron subir tipos de interés obedece a otros argumentos de naturaleza totalmente espuria. En su momento, ¡ya en julio de 2022!, desde estas líneas, detallamos la hoja de ruta marcada por la ortodoxia a partir de ciertos tweets, publicados por el otrora economista del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, el mismo que en mayo de 2008 nos aseguraba que la macroeconomía global se encontraba en el mejor de los mundos posibles El hilo, abro comillas, decía lo siguiente: “Una reflexión sobre la lucha contra la inflación:

1. Cuando la inflación proviene de un sobrecalentamiento, convencer a los trabajadores de que la economía tiene que ralentizarse, y que el desempleo tiene que aumentar para controlar la inflación, es difícil, pero al menos se puede explicar la lógica.

2. Cuando la inflación proviene de un aumento de los precios de las materias primas y la energía, convencer a los trabajadores de que el desempleo tiene que aumentar para controlar la inflación, es aún más difícil. “¿Por qué debería perder mi trabajo porque Putin invadió Ucrania?”

3. Esto hace que el trabajo y la estrategia de comunicación de los bancos centrales sea muy difícil.”

Lo que realmente han consiguiendo con su política monetaria, no sé si de manera consciente o no, es recapitalizar el sistema bancario europeo a costa, de nuevo, de los contribuyentes

Los neoclásicos, además de la inflación, pretendían generar desempleo. No previeron la Gran Recesión, obra y gracia de la mayor deuda privada de la historia alrededor de distintas burbujas. Y ahora, esto, inflación y desempleo, fruto de sus recomendaciones. Eso sí, lo que realmente han consiguiendo con su política monetaria, no sé si de manera consciente o no, es recapitalizar el sistema bancario europeo a costa, de nuevo, de los contribuyentes.

Pero cabe otra interpretación más cínica de lo sucedido. En realidad, conscientes de que el actual modelo de crecimiento económico en las economías capitalistas más avanzadas nos lleva al colapso climático, los economistas de la corriente dominante concluyen que es necesario un decrecimiento ya. Y que mejor manera de contribuir a ello con una restricción monetaria y/o fiscal. Pero se olvidan de que el decrecimiento, necesario para salvar al mundo, requiere, obligatoriamente, compensar a todos aquellos que se verán afectados negativamente, millones de familias y trabajadores, millones de pequeños empresarios. Y para ello solo la Teoría Monetaria Moderna tiene la solución.