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Situación mundial de emergencia: es imperativo actual sin demora

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Publicado originalmente en other-news.info

Federico Mayor Zaragoza*.

La situación mundial ha alcanzado un grado de complejidad inédita y acuciante, y las tendencias actuales que deben reconducirse con apremio son, por su número y magnitud, mayores que en el pasado. Con una población mundial de 8000 millones de seres humanos, las soluciones aplicadas hasta ahora para procurar una alimentación adecuada, unos servicios de salud eficientes, una educación para todos de calidad y, sobre todo, un “trato humano” a todos, han ido mostrando progresivamente su desgaste y carencia de idoneidad… Los horizontes son muy sombríos, si seguimos pensando que “esto no hay quien lo arregle” y somos espectadores de lo que acontece en lugar de actores plenamente implicados en descubrir e inventar soluciones. 

Sí: por primera vez en la historia, la especie humana se reconoce progresivamente igual en dignidad, sea cual sea su género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… y, además, es capaz de expresarse libremente gracias a la tecnología digital. Ahora, la ciudadanía, consciente de las amenazas globales, particularmente de las potencialmente irreversibles, ya puede actuar en favor de un multilateralismo eficaz a escala planetaria, ya puede cumplir sus inaplazables deberes intergeneracionales, ya puede asegurar la conservación de la habitabilidad de la tierra, ya puede cambiar la fuerza por la palabra… 

Para todo ello es preciso saber, recordar y actuar. Deber de memoria… Delito de silencio…, Lo he escrito muchas veces y lo repito ahora. Para inventar el futuro y sobreponernos a la inercia, es imperativo que “Nosotros, los pueblos…” nos atrevamos a saber y sepamos atrevernos. Si seguimos de espectadores, impasibles, distraídos, abducidos por las redes sociales y la inteligencia “artificial” no podremos “cambiar de rumbo y nave” como preconizaba el profesor José Luis Sampedro. 

Ahora ya podemos. Ahora debemos sin falta actuar, pensando en las generaciones venideras. De otro modo, mereceríamos aquella terrible sentencia de Albert Camus, que cito con frecuencia: “Los desprecio, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”. 

Otto Schermer, en su reciente y espléndido artículo “Protegiendo la llama”, ponía de manifiesto que ahora, por fin, tenemos pautas de conducta y referentes muy bien establecidos, como la Agenda 2030 y los ODS para orientar nuestro comportamiento cotidiano. “Es preciso”, escribe, “saber lo que acontece, responder de manera creativa…. y una movilización colectiva”. ¡Saber…y hacer! Ciencia, conciencia y pleno uso de las facultades distintivas de la especie humana… 

Como ya he comentado en otras ocasiones, es urgente cambiar la confrontación por la mediación y el diálogo. Pasar del “para bellum” al ”para verbum” implica alianzas intergeneracionales y con los medios de comunicación para que sea posible la democratización del multilateralismo, comenzando por el Sistema de las Naciones Unidas —adoptando una Declaración Universal de Democracia, con eliminación de los cinco vetos inhabilitadores desde su propia creación— y siguiendo por la Unión Europea, incapaz de decidir desde que cayó —o la empujaron— en la trampa de la “unanimidad”. 

Ciencia y conciencia para beneficio de la especie humana, asegurándose que las decisiones políticas tendrán en el futuro el fundamento científico que es imprescindible para llevar a cabo las radicales transformaciones que exige la actual situación a escala planetaria. Se trata, como subrayaba José Manuel Morán, Vicepresidente del Capítulo Español del Club de Roma, “no sólo de tener muy claro el qué debe hacerse sino el cómo”. 

Ya he apuntado que uno de los grandes retos a los que debe hacerse frente sin demora es el de la migración a escala global. Solo a las costas británicas han llegado desde el 1 de enero de este año al 9 de marzo 4500 inmigrantes. Todos los seres humanos iguales en dignidad y merecedores de igual trato. Es una auténtica vergüenza, no me canso de repetirlo, que cada día se inviertan en armas y gastos militares 4.000 millones de dólares, al tiempo que mueren de hambre, pobreza extrema y brutal desarraigo… miles de personas. La solución está en un pacto mundial sobre la migración y la ampliación de la Convención de la ONU sobre los derechos de los refugiados. Debemos de una vez finalizar con las manos alzadas y armadas y hacer que proliferen las abiertas y tendidas. Ahora, además de la seguridad territorial, la seguridad humana, la de los seres humanos que habitan territorios tan bien protegidos. 

Es particularmente urgente ocuparse de que el Mare Nostrum deje de ser una infausta necrópolis de tantos inmigrantes, en lugar de acordar —como lo han hecho recientemente Estados Unidos, el Reino Unido y Australia— la colocación de diversos submarinos nucleares en el Océano Pacífico, cada uno de los cuales cuesta alrededor de 3.500 millones de dólares… 

Es preciso aprovechar el extraordinario desarrollo de la tecnología digital, pero cuidando de que la robotización no exceda nunca de los límites que le son propios y produzca una peligrosísima deshumanización, especialmente ante la adopción de decisiones que deben utilizar siempre y al máximo las fantásticas y esperanzadoras facultades que distinguen a la especie humana. Se trata de mejorar la calidad de vida y la capacidad productiva, con una ciudadanía, consciente y responsable, y el pilar fundamental es, y será siempre, la plena libertad, transformando los datos en saberes y los saberes en sabiduría. 

Ahora, por fin —y esta es nuestra esperanza— ya podemos poner en práctica la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra“. Hasta hace poco, “los pueblos” no existían… y el poder masculino era absoluto. Ahora, por fin, nos reconocemos iguales y podemos expresarnos libremente. Ahora podemos dejar de ser espectadores de lo que acontece y participar ya, sin demora, a transitar de una cultura desde enfrentamiento, imposición, dominio y guerra, a una cultura de encuentro, diálogo, mediación y paz, para que todos los conflictos, activos o latentes, se resuelvan por la palabra y no por la fuerza. 

Es apremiante la sustitución de la gobernanza de los grupos G, plutocrática y supremacista, por la democrática. El primer paso es conseguir una Unión Europea sin el veto generalizado de la “unanimidad” y unas Naciones Unidas renovadas y plenamente multilaterales. En el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, debemos activar grandes clamores populares en favor de su vigencia y respeto generalizado al tiempo que ponemos en marcha resueltamente los Acuerdos sobre el Cambio Climático y la Agenda 2030. “Las ventanas para asegurar un futuro sostenible se cierran”, acaban de anunciar las Naciones Unidas… y “Nosotros, los pueblos” seguimos desoyendo los apremiantes llamamientos sobre la propia habitabilidad de la Tierra…, seguimos posponiendo nuestros deberes esenciales relativos al futuro de nuestros hijos y descendientes… Las redes sociales y los medios de comunicación nos mantienen obedientes, silenciosos, distraídos… ¡mientras “las ventanas se cierran”! 

La visible irrupción de los universitarios podría iniciar este proceso. “El silencio de los intelectuales”: así se titula el excelente artículo de Boaventura de Sousa Santos en Other News el 28 de febrero, que nos advierte lúcidamente sobre la actitud a adoptar.  

Deber de memoria. “Recordemos para seguir haciendo posible una vida mejor”, ha añadido Oscar Arias (dic.2022)… “Las lecciones de nuestra historia, con las experiencias que nos han enseñado, nos muestran que no se llega a la paz ni por las armas ni por la guerra, ni por la muerte ni por el odio, ni por el olvido ni por la indiferencia… Se llega a la paz poniendo al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones. Se llega a la paz defendiendo a la vida. Se llega a la paz invirtiendo en nuestros pueblos y no en nuestros ejércitos; intercambiando ideas y no bombas; conservando bosques y no prejuicios. Se llega a ella cambiando la cultura de guerra por una cultura de paz en nuestras sociedades”. 

Ahora ya sabemos. Ya podemos. ¡Ya debemos!

* FedericoMayor Zaragoza (Barcelona, 1934) Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (1958), ha sido catedrático en diferentes universidades españolas y ha desempeñado numerosos cargos políticos, entre otros el de ministro de Educación y Ciencia (1981-82). Entre 1987 y 1999 fue director general de la Unesco. Actualmente preside la Fundación para una Cultura de Paz. Texto enviado a Other News por la oficina del autor el 4 de abril de 2023

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