629563814
secretaria@attac.es

Noticias

La violencia que indigna y la que no

Pilar Aguilar
publico

Hay quien sobrelleva con gran resignación (cristiana o de cualquier otro tipo) la violencia estructural y sistémica que sufrimos.

Así, y por ilustrar someramente, algunos demuestran mucho aguante ante las brutales desigualdades salariales, la miseria en la que viven ciertas personas, la degradación planetaria, las continuas agresiones que sufren las mujeres, etc.

A veces, incluso las justifican… Dicen, por ejemplo, que cómo van a valer igual (para ellos el valor solo es precio de mercado) las 8 horas de quien recoge aceituna o cuida a un anciano que las 8 horas de quien ha estudiado ingeniería o es director de no sé qué. Olvidan, por supuesto, que todas esas horas, sin distinción, son horas de vidas humanas y olvidan que probablemente quien no estudió ingeniera no lo hizo porque fuera más tonto, vago, sinvergüenza… Y si fue por eso, pero su familia tiene medios, no andará limpiando bares por 900€ mensuales sino regentando un “chiringuito” de mayor o menor entidad. ¿Acaso olvidan que dirigir esto o lo otro, correlata estadísticamente y sin duda posible, con el origen social?

En otros casos puede que condenen las violencias. Así, aseguran que penetrar a una mujer que no te desea (o sea, violarla) está mal. Salvo si pagas 20€, claro, porque los 20€ lo cambian todo y te eximen de plantearte cómo y por qué ha llegado una nigeriana o una bielorrusa a las calles y los garitos de nuestro país a chupar genitales masculinos. Pero, fuera de eso, aseguran que la violación, el asesinato y el maltrato de mujeres son reprobables.

Y si los interpelas: “¿Sí? Pues en España se denuncian tres violaciones diarias (y las que habrá sin denunciar…), en México 50 (que se sepa). En España, este año, 40 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. En Francia se aproximan a las cien (100, sí, 100). En México asesinan a 10 diariamente”. Si les dices eso, ponen cara de póker, o de santo estoicismo (cuando no de ofensa) y replican: “Lo lamento mucho, claro, pero ¿qué puedo hacer yo? Yo no violo, no asesino, no maltrato, no soy culpable…”. O sea, traducido: “¿A mí qué me cuentas?”.

Ahora bien, los mismos (y mismas) que tanta resignación o fatalismo muestran ante esas violencias, saltan indignadísimos y apresuradamente condenan, orbi et orbe, otras.

Tal que así ha ocurrido ante la quema, pintadas y deterioro de algunos equipamientos urbanos durante la última manifestación de mujeres en México capital.

Personalidades de aquel país que con “tanta paciencia” sobrellevan las salvajadas misóginas o que tan silenciosamente las “condenan”, saltaron como resortes reprobando el vandalismo de las manifestantes.

Cabe, por supuesto, preguntarse ¿quiénes cometieron los destrozos? ¿mujeres desbordadas por la indignación? ¿grupos pagados a fin de desacreditar el movimiento? Yo personalmente no tengo ni idea. Sé que en París hay pandas de casseurs (rompedores) que sistemáticamente se apuntan a cualquier manifestación por el placer de destruir. Tan es así que los potentes servicios de orden organizados por las asociaciones convocantes están ahí también para evitar tales vandalismos mientras dure el cortejo. Y luego, una vez que se disuelve, lidiar con ellos es asunto de la policía.

En torno a este tema también aflora otra pregunta de mucho calado: ¿resulta eficaz y/o inevitable la violencia cuando se lucha por conseguir algo? No creo que exista una respuesta sencilla, unívoca y tajante.

No suscribo ese dicho de “Condeno la violencia, venga de donde venga” pues no me parece equiparable la violencia sistemática y sistémica que ejercen los poderes económico-estatales-patriarcales con la ocasionada por algarabías y alborotos. Antes me desgañitaré gritando, protestando, acusando, exigiendo medidas contra el machismo y la misoginia y sus secuelas que contra la quema de un autobús.

Yo, de joven, creía en la revolución entendida como sublevación y toma del Palacio de invierno. Pero ahora ya no. No he dulcificado mi pensamiento sino que lo he complejizado. Hoy creo que los cambios reales solo se consiguen cuando los asumen e imponen mayorías sociales significativas. O dicho de otra manera: la revolución bolchevique no trajo el comunismo ni la “revolución cultural” maoísta fue tal (y quien no quiera mirar a la historia, que mire el presente de Rusia o China).

¿Considero eficaz para la lucha feminista asaltar un banco? Sinceramente, no. Lo eficaz (como estamos demostrando) es conseguir que cada vez más mujeres (y hombres) sean conscientes de que el patriarcado es un sistema profundamente injusto, brutal, depredador, cruel, abusivo y que, en consecuencia, debemos exigir todo tipo de medidas educativas y legislativas para debilitarlo y avanzar hacia su extinción (que aún queda lejos, por supuesto).

Dicho de otra manera: puedo entender que dé un cierto placer gritar: “Si la usas para violar, te la vamos a cortar” pero no creo que sea ni realista ni deseable ¿por qué? Por lo mismo que no creo en los argumentos que esgrime la Asociación Nacional del Rifle en EEUU (todo el mundo debe estar armado para poder defenderse). Creo que lo personal es político y que la política es lo que hacemos los ciudadanos y ciudadanas cuando nos involucramos y luchamos por otro modelo de sociedad.

ATTAC no se identifica con las opiniones expresadas en los artículos que son responsabilidad de los autores de los mismos.

0