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De Chimérica a un emergente Telón Digital

GARY DORNING/TROMPETA. imagen original tomada de https://www.latrompeta.es/articles/posts/el-divorcio-de-chimerica

Albino Prada. Publicado originalmente en Sin Permiso

El capitalismo global, que se configura según el mantra neoliberal en los últimos cuarenta años, lo hizo bajo la hegemonía de los Estados Unidos. Una hegemonía que condicionará el particular derrumbe de la Unión Soviética y que impulsará en su propio interés el despegue y apertura del gigante chino. Una globalización que impone la lógica del capital por encima de los derechos sociales.

Tal proceso se verá condicionado a escala global tanto por la Gran Recesión sistémica del año 2008, como por el Gran Confinamiento de 2020 y ya ahora por las consecuencias geoestratégicas que supone la guerra en Ucrania. Recesión, pandemia y guerra consustanciales a este (des)orden mundial.

Tanto la globalización (con Chimérica) antes, como ahora el emergente telón digital y guerra comercial, sitúan en su epicentro la simbiosis/rivalidad entre China y Estados Unidos. Dialéctica a la que el resto del mundo, España incluida, se ve subordinada.

En este artículo analizo aspectos relevantes de dicha disyuntiva[1], con la motivación de fondo de brindar argumentos para apostar por una autonomía estratégica, y por un no alineamiento, en relación tanto a esa preocupante disyuntiva como a su tóxica y previa simbiosis.

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La fina línea -entre simbiosis y rivalidad- en las relaciones de la potencia hegemónica declinante (Estados Unidos) y la emergente (China) la analizo aquí como un momento Chimérica y un momento Telón Digital o Espacio Vital. El primero recorrería la larga etapa de las reformas de Deng hasta la crisis de 2008, tal como la resumimos en un recuadro al hilo del análisis de Zakaria (2009). Y el segundo, a partir de entonces, será la particular forma en que estaría tomando carta de naturaleza la previsión de Fairbank (1986) según la cual China pasaría, de ser influenciada desde el exterior, a influir de forma determinante en el resto del mundo.

Chimérica como momento de simbiosis, apertura e interpenetración. Telón Digital como subsiguiente momento de rivalidad y disputa: en relación a la soberanía, el espacio vital exterior y la propia estabilidad política[2].

Sin excluir una sintonía de fondo entre los dos momentos tal como ya sucediera en la guerra fría y el Telón de Acero del siglo XX: que se beneficien de la contienda las plutocracias de ambos bandos en sus áreas de influencia. Simultaneando rivalidad y sistema compartido por sendas plutocracias[3].

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En cualquier caso la mutación a este segundo momento será progresiva y paulatina. Con dos hitos de aceleración: la crisis financiera de 2008 y la crisis pandémica de 2020. Aunque las motivaciones de fondo desde China serán permanentes: evitar una letal vulnerabilidad tecnológica y de aprovisionamientos, que ponga patas arriba sus logros económicos y su control político por un único partido.

Califico de aceleración el año 2008 puesto que ya mucho antes se podían rastrear semillas de tal rivalidad. Por ejemplo la exclusión de China de la estación espacial internacional en 1998, que obligará a que este país programe su propio laboratorio espacial entre 2003-2022, y así ir definiendo una carrera espacial autónoma muy vinculada a la seguridad y la ciber seguridad[4].

los dos países no han conseguido hasta la fecha establecer una confianza estratégica básica, ya que uno desconfía del otro y sospecha que está llevando a cabo una política para socavar su poder”.

El punto final y clímax del que denomino momento Chimérica se concretaría en el llamado G-2 sino-estadounidense, con rápido auge y declive en el mandato de Obama / Wen Jiabao. Por entonces, corría el año 2009, el presidente norteamericano afirmó en China que[5] “ya nada puede hacer Estados Unidos sin China… China para Estados Unidos es un socio estratégico”.

Uno de los primeros en defender tal simbiosis estratégica sería Fred Bergsten, director del Petersen Institute of International Economy en Washington, como una forma de proteger a Estados Unidos contra la creciente incertidumbre derivada de la imparable emergencia de China en la escena mundial[6], “los dos países no han conseguido hasta la fecha establecer una confianza estratégica básica, ya que uno desconfía del otro y sospecha que está llevando a cabo una política para socavar su poder”.

Desconfianza de fondo que daría razón a aquellos que califican de idealista el concepto de Chimérica de Nial Ferguson. Porque, si bien existen complementariedades, también no pocas diferencias en relación a quién tiene, o no, un control determinante sobre las bases materiales (tecnológicas o de suministros, por ejemplo) del crecimiento económico y, en consecuencia, de la estabilidad política y la soberanía nacional. Lo que hará mutar progresivamente la prolongada simbiosis (en deuda, importaciones o inversiones) en rivalidad. Sin duda porque[7] “las relaciones entre una potencia hegemónica en auge y otra en declive nunca han sido sencillas

Aquella simbiótica interdependencia de la que hablaba Obama mutará en disputa por la hegemonía o, como poco, por las soberanías respectivas (de la potencia emergente y de la que está en declive). Con, reiteramos, dos momentos de inflexión y aceleración críticos: 2008 y 2020.

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La crisis financiera de 2008 y su Gran Recesión coincidirá, además, con el máximo deterioro del déficit comercial de EE.UU. con China, marcando el viraje desde la no problemática interdependencia al llamado China-bashing: la culpa asiática de los males propios (reclamando aranceles o revaluación del yuan por ejemplo). Sin ignorar que China será, en esa coyuntura crítica, uno de los pocos países del mundo que cuente con recursos propios para emprender rescates o paquetes astronómicos de estímulos[8].

Por su parte la crisis de 2020 incidirá y reforzará las mismas tensiones. Tanto entonces como ahora[9], “la crisis significará un punto de inflexión en la globalización económica y pondrá fin al período de liberalización iniciado en los años ochenta y liderado por Estados Unidos”. Siendo así que ya “antes de la erupción de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, asistíamos a una guerra comercial entre EEUU y China que enmascaraba una carrera tecnológica, y que se ve avivada ahora por el modo de gestionar la crisis sanitaria”.

Es importante enfatizar que la frontera entre lo comercial, lo tecnológico y la seguridad nacional (base de fondo de aquella desconfianza) se habría vuelto paulatinamente más y más difusa en lo relativo al mundo digital[10] (5G, IA, big data, sistemas operativos). Porque hoy con estas tecnologías se puede poner en serio peligro la seguridad militar, de abastecimientos, logística, etc. Se puede poner patas arriba la soberanía nacional que los cosmopolitas de la globalización daban por superada en la fase chimericana de abducción neoliberal[11].

” China está posicionando sus propios gigantes digitales como Tencent (redes sociales), Alibaba (comercio electrónico) o Baidu (buscador). Persigue una soberanía efectiva en su big dataambiciona liderar la Inteligencia Artificial, lidera la inversión mundial en computación cuántica, cuenta con decenas de miles de censores ocupados en evitar la piratería industrial así como con un satélite cuántico lanzado en 2016 que supondrá un avance disruptivo en criptografía”

Este vínculo, entre la información y lo digital, resitúa en primer plano de actualidad una de las máximas del arte de la guerra[12] según Sun-zi: “La información es la esencia del arte de la guerra; los ejércitos dependen de ella para realizar el más mínimo de sus movimientos”.

Porque esto es así, desde el año 2000 China está posicionando sus propios gigantes digitales como Tencent (redes sociales), Alibaba (comercio electrónico) o Baidu (buscador). Persigue una soberanía efectiva en su big data[13]ambiciona liderar la Inteligencia Artificial[14], lidera la inversión mundial en computación cuántica[15], cuenta con decenas de miles de censores ocupados en evitar la piratería industrial (Great Firewall of China – Cortafuegos o Telón Digital) así como con un satélite cuántico lanzado en 2016 que supondrá un avance disruptivo en criptografía.

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En resumen, regresan de nuevo a primer plano las fronteras más cruciales: las tecnológicas. Fragmentación y regreso que se acelera a ambos lados de un emergente Telón Digital, tanto con la presidencia post-democrática de Trump (Rodrick, 2020), como con una muy acelerada reacción desde la China de partido único (Klein, 2020). Siendo así que lo digital parece tomar el mando a ambos lados del Telón.

Telón digital (por ejemplo, para el control interno y la hegemonía social) que también condiciona el control externo como espacio vital (defensa y aprovisionamientos[16]: crudo, gas natural, alimentos, minería…). Aunque, por ahora, nunca deje de ser cierto que[17] “… para los dirigentes comunistas chinos la prioridad absoluta se sitúa en lograr el desarrollo socioeconómico sin provocar una quiebra de la estabilidad política del régimen, en otras palabras, su principal preocupación estratégica no se encuentra en el nivel mundial sino en el ámbito interno de su propio país”.

Sin embargo, no lo es menos que, cada día que pasa en mayor medida, para mantener estable el ámbito interno (empleo creciente, menos pobreza, paulatino consumismo) dada la escala de sus obligados aprovisionamientos mundiales, no le queda más remedio a China que tener preocupaciones mundiales.

Más si tenemos bien presente que Estados Unidos nunca ha dejado de defender su hegemonía en declive en Asia, como área de influencia o espacio vital. Siendo así que China debe construir en paralelo su muy específica hegemonía[18]: “China tiene frente a Japón la ventaja de que su diplomacia puede ir mucho más allá del poder blando o los programas de ayuda, características que determinan la imagen de Tokio en el mundo, pudiendo movilizar en mayor medida su poder económico, financiero o militar”.

Uno de los formatos utilizados será el de los ARC (acuerdos regionales de comercio), de los que China estaría negociando[19] once y considerando la negociación de otros tantos ya en 2017. Sobre todo como prestamista de los llamados países emergentes y de los localizados en la nueva ruta de la seda[20]. Sin olvidar otras instituciones multilaterales como ASEAN-China o el Banco Asiático de Desarrollo[21].

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El creciente espacio vital de China, y el declive del de los EE.UU., se sintetizará a la altura del año 2017 por la administración norteamericana como una amenaza para Occidente, o, al menos, ya se califica como competidor estratégico a escala global[22]. Lo que obligaría a posicionarse en uno u otro lado del Telón Digital a cualquier país del mundo.

“(China)… ha tomado la muy singular decisión de erradicar el hardware y software occidental en todos sus organismos públicos antes de finalizar el año 2022. Un telón de precaución. Ahora no de acero o de hormigón, pero sí digital.”

En este punto las llamadas GAFAM (Google, Facebook, Amazon, Apple, Microsoft) norteamericanas y hegemónicas, explicarían por qué Whatsapp, Facebook, Instagram o Youtube está bloqueadas por el gobierno chino, y por qué (en el horizonte del 5G, la IA y el big data) ese gobierno ha tomado la muy singular decisión[23] de erradicar el hardware y software occidental en todos sus organismos públicos antes de finalizar el año 2022. Un telón de precaución. Ahora no de acero o de hormigón, pero sí digital.

También contraponiendo Baidu frente a Google, o Tmall-Alibaba frente a Amazon[24].

Según la analista Keyu Jin esta senda de colisión estaría siendo alimentada[25] por un “sentimiento antichino en la sociedad norteamericana y la hostilidad antinorteamericana que se está extendiendo en la sociedad china”. Cierto que no solo en Estados Unidos dicha deriva es creciente. También las percepciones de la población de la Unión Europea sobre la globalización asiática y de las nuevas tecnologías se comprueba que son pesimistas, amenazantes y preocupantes. En Alemania o Francia más de dos tercios de la población considera que su vida será peor dentro de veinte años, lo que reclamaría[26] un “acuerdo general sobre la necesidad de protegerse contra los efectos de la globalización económica”.

Para el caso de España, y en relación a la última crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia del covid-19, nuestra fragilidad y dependencia se concretarían en “el papel esencial de China como único país capaz de suministrar este volumen de material médico en un momento de crisis… (y desde el Gobierno español) han reconocido las dificultades para adquirir equipamiento y material sanitario en un mercado que está sobresaturado”. Por lo que, de cara al futuro, para España se debiera evaluar[27] “cuánto quieren depender de proveedores chinos en sectores tan sensibles como los suministros médicos y las redes de comunicación 5G”. Blanco y en botella.

Tal fragilidad y vulnerabilidad occidental, derivada de la globalización-deslocalización hacia el Pacífico, podría ser explotada por India o China. Países que, por ejemplo, controlan a día de hoy la producción mundial de principios activos farmacéuticos (APIs) (paracetamol, Ibuprofeno, amoxicilina,…). Pues, si bien hasta el año 1995 el 90 por ciento de esos APIs se elaboraban en Occidente, en la actualidad el 80 por ciento ya se elaboran en China e India.

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La crisis sanitaria y económica mundial del año 2020 aceleraría y haría emerger todas estas fragilidades. Puesto que los quince días de enero de pasividad-ocultación en China, abrieron una ventana de difusión global del covid-19 que provocaría un cataclismo mundial -económico y social- sin precedentes[28].

Por un lado las fragilidades relativas a la relocalización de cadenas globales de valor para evitar dependencias (vulnerabilidad) de aprovisionamientos críticos e importar desempleo. También al hacer visible una vulnerabilidad occidental extrema en antibióticos (China-India) o en tierras raras, así como la de China en los recursos energéticos que necesita importar.

“Pekín haría prevalecer ya en febrero el interés general sanitario y económico, forzando un cierre de fronteras con el exterior y un confinamiento estricto y masivo de la población en las provincias más afectadas. Con el añadido de una vigilancia digital que suspende los derechos a la privacidad y a la intimidad y hace posible un seguimiento en tiempo real de los brotes víricos y sus contactos.”

Al mismo tiempo se pondrían muy rápido de manifiesto las fortalezas de China para enfrentar eficazmente la pandemia. Pues el Gobierno Central de Pekín haría prevalecer ya en febrero el interés general sanitario y económico, forzando un cierre de fronteras con el exterior y un confinamiento estricto y masivo de la población en las provincias más afectadas. Con el añadido de una vigilancia digital[29] que suspende los derechos a la privacidad y a la intimidad y hace posible un seguimiento en tiempo real de los brotes víricos y sus contactos.

Tres medidas, sobre todo la última, más problemáticas de adoptar con agilidad en entornos donde es necesario que las instituciones democráticas aborden decisiones que limitan los intereses y los derechos individuales (o de sectores o empresas) en aras del bien común o del interés general.

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Pero no es menos cierto que con la pandemia también se hizo evidente el que China sin la actual globalización económica y de los mercados no podrá mantener el particular contrato social con el que viene sacando de la pobreza a millones de personas. Un primer síntoma lo tuvimos en mayo de 2020 cuando, por primera vez, el Congreso del Pueblo no llegó a fijar un objetivo de alto crecimiento económico[30].

Todo lo cual aceleraría tendencias, sobre la transitoriedad de Chimérica, que a partir de ahora podrían ser irrefrenables. Habrían tomado cuerpo las amenazas mutuas que se venían barruntando. En muchos países se hará visible que la seguridad militar y de aprovisionamientos estratégicos está hoy en manos de una plutocracia casi siempre foránea y lejana. Y que al dejarlo en sus manos tiramos por el fregadero el capital social que nos permitió avanzar hacia una sociedad decente. Porque, en palabras de dos máximos gurús[31] de las GAFAM: “… se puede usar la tecnología digital para poner patas arriba las sociedades e incluso hacerlas trizas”.

Lo que, para el caso de España, si queremos ser parte activa de una estrategia compartida en la Unión Europea, hace aconsejable el navegar con rumbo propio. Alejados, tanto de las dos trincheras digitales del Pacífico (ya Google o ya Baidu), como del hipercapitalismo depredador del Estado de Bienestar que ambas comparten[32]. Para ser cada vez más, y no menos, resilientes, soberanos e inclusivos.

Debiéramos hacerlo por muchas razones (ver Prada, 2021) y porque según un Índice sobre la calidad deliberativa de las instituciones de Gobierno[33] mientras China desciende 59 posiciones en el ranking mundial, respecto a la que ocupa por nivel de ingresos, en Estados Unidos el descenso es de nada menos que de 88 posiciones. Post-democracias en un lado y Partido-Estado en el otro. En ambos lados muy lejos de una sociedad decente, en la senda de una irrefrenable sociedad de mercado. Siempre sobre la base del deterioro social de los muchos, en cuanto a autonomía y garantía de una vida digna, en sintonía con el hiper enriquecimiento de los pocos que detentan el poder político efectivo.

Cierto, la globalización chimericana era una carrera social hacia el abismo. Sociedades plutocráticas, gerontocráticas, meritocráticas y tecnocráticas[34] de mercado en las que el dinero y la tecnología corrompen a pasos agigantados valores que otrora tuvieran gran peso en la sociedad.

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Concluyo. Tal como sugirieron en su día George Basalla y John K. Fairbank las opciones tecnológicas y los sistemas de valores sociales están en intrincada relación. Algo que ya sospechaban los muy eruditos funcionarios confucianos de la China imperial, que no querían contaminar su concepción del mundo al considerar que artefactos y sistemas de valores eran inseparables.

La mega técnica contemporánea (desde las sucesivas revoluciones industriales a la digitalización o la inteligencia artificial) convive hoy en todas partes (China por supuesto incluida y más por su gigantismo) con un poder creciente de los tecnócratas, de una plutocracia de expertos en instituciones y organismos post democráticos[35].

Ese mega sistema mundial de negocios encontró en la inabarcable dimensión de China una posibilidad de expansión no soñada hasta finales del siglo XX. Tanto es así, que los expandidos podrían quedar, sin apenas percibirlo, abducidos por el gigante que suponen integrar. Abducidos (emergentes) y abductores (declinantes) a ambos lados del Telón Digital del Pacífico de lo que durante las últimas décadas se conformó como Chimérica. Un conglomerado gigante de casi dos mil millones de hiper consumidores potenciales, que conforma una bomba de consecuencias ambientales, sociales y climáticas inquietantes[36].

Para evitar tales catástrofes, y a la luz de lo que revisamos en Prada (2021), lejos de la tecnofobia de la revolución cultural (Mao), pero también de la tecnofília del enriquecerse es glorioso (Deng), se hace necesario abrir camino a una sociedad decente en el mundo global de este siglo XXI. De lo contrario el uno por ciento plutocrático de Chimérica podrá señorear el mundo, mientras sus respectivos Estados se disputan a ambos lados del Telón Digital sus espacios vitales.

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NOTAS


[1]   Se reproduce aquí con ligeras modificaciones el pasaje final de mi ensayo “El regreso de China” (Mundiediciones, 2021)

[2]   Chimérica sería la simbiosis que teoriza Friedman (2006: 432-433), coevolución hacia una nueva forma de vida social, Montobbio (2021: 120); Telón Digital a imagen de un nuevo Muro (op. cit. p. 457)

[3]   Thompson (1993: 105); convivencia entre dos centros, Montobbio (2021: 120)

[4]   Muñoz (2018: 129-131)

[5]   Citado por Muñoz (2018: 97-98)

[6]   La cita es de Lanxin (2009: 99)

[7]   Steinberg (2008: 257)

[8]   Stiglitz (2010: 257)

[9]   Olivié (2020: 7), lo que supone el final de la larga etapa Kissinger-Deng, según Steinberg (2008: 262)

[10] El 5G es, sin duda, una cuestión de seguridad defensiva para la OTAN: “Stoltenberg mencionó la importancia de las redes 5G y de acordar requisitos comunes para fortalecer la resiliencia de la Alianza frente a los retos cibernéticos”, Simón y Martín (2019: 2). Conferencia de prensa, Jens Stoltenberg, Secretario General de la OTAN, 29/XI/2019.

[11] Se trata de una frontera tecnológica que pone en cuestión la propia soberanía nacional de los países ricos, Rovetta (2009: 249)

[12] Sun-zi (2000: 108)

[13] La masa de información del big data chino multiplica por 50 el volumen del norteamericano Muñoz (2018: 146)

[14] Invierte en IA el 48% del total mundial, EE.UU. el 38%, Muñoz (2018: 148)

[15] Diez veces más que Estados Unidos, ver aquí.

[16] Rovetta (2009: 247)

[17] Calduch (2010: 405)

[18] Ríos (2009: 29)

[19] Requena (2017: 34)

[20] Financiado por AIIB y el fondo estatal chino Silk Road Found junto a otras entidades financieras públicas, Muñoz (2018: 151). Sobre crisis de deuda con China, ver aquí.

[21] Stiglitz (2006: 329) describe el enfrentamiento entre el FMI y Estados Unidos con ASEAN y China en el año 2000

[22] Simón y Martín (2019: 2) se refieren a la National Security Strategy of the United States of America (2017), the White House, Washington DC; ver aquí.

[23] Lo que no impide que IBM, Intel, HP o Microsoft estén en el principal parque tecnológico de Pekin o Shanghai, Muñoz (2018: 57)

[24] Ranking en la web de cada uno de ellos, ver aquí; sobre la creciente influencia de Google en los medios informativos occidentales ver aquí.

[25] Citado por Martínez (2020: 66); lo que coincide con el pronóstico de Rodrik (2020) de que ambos países perseverarán en su senda de colisión.

[26] Alaminos (2010: 148, 151, 157). Un 68%.

[27] Estas citas en Esteban (2020: 2-5 y 9); sobre el despliegue del 5G se reúnen en Madrid el Presidente del Gobierno y el director de la Oficina de la Comisión de Asuntos Exteriores del PCCh en septiembre de 2020.

[28] Gardner (2020); Milanovic (2020) también comparte las críticas sobre el ocultamiento del origen y transmisión del covid-19 por la que califica como una “jerarquía consultiva”. Unos inicios desastrosos en la gestión de la pandemia para Vidal, M. y Santiso, J. (2020); recogido en “Diario de Wuhan” (Fang Fang, Seix Barral, 2020). N. Chomsky considera que el 10 de enero 2020 China ya habría puesto sobre la mesa internacional la gravedad de la situación.

[29] Vigilancia digital que en Occidente es patrimonio exclusivo de multinacionales (GAFAM) a las que los ciudadanos ceden sumisamente su privacidad. Con el riesgo de otra plutocracia o ciberdictadura.

[30] La Vanguardia, 22 mayo 2020; China tendría más que perder a corto plazo en un escenario global de guerra comercial generalizada, Martínez (2020: 64).

[31] CEOs de Alphabet-Google, los cito aquí.

[32] Serían ambas sociedades meritocráticas de mercado en las que “la fe en que somos dueños de nuestro destino es más sólida y (por ello) cuentan con un Estado del Bienestar más endeble”, Sandel (2020: 99, 171)

[33] V-Dem (2019: 74-75), Estados Unidos de 11ª a 99ª, mientras China pasa de 77ª a 136ª

[34] En 2007 en el Politburó de 25 miembros 11 eran ingenieros y 9 eran principitos hijos de altos dirigentes, Golden (2012: 168); todos los miembros del Comité Permanente del Politburó son ingenieros, Bregolat (2007: 109). Órganos a los que se accede por cooptación de los exdirigentes de mayor edad.

[35] Prada (2019: 92) donde me apoyo en los análisis de Lewis Mumford. Lo que explicaría que se anote en China un recurrente descontrol (quimerasedición genéticasuperbacterias, …) muy distante al principio de precaución.

[36] El último ejemplo, de momento, será la pandemia del Covid-19 que desde Hubei-Wuhan contaminó al resto del mundo a través de las imparables cadenas globales de negocio. Muy singularmente a los EE.UU.. Una bomba económica global que genera ya no riesgos, sino incertidumbres, Prada (2020). También en este caso China habría regresado como origen de enfermedades globales. Jared Diamond sitúa el probable origen de la gripe en la pionera ganadería de cerdos en China (Diamond (2013: 312, 343), Diamond (1998: 295)).

Albino Prada  Doctor en Economía por la Universidad de Santiago de Compostela, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo, fue miembro del Consejo Gallego de Estadística y del Consejo Económico y Social de Galicia; colabora en medios como Luzes, Tempos Novos, La Maleta de Portbou o infoLibre. Es miembro del Consejo Científico de Attac España. Su último ensayo publicado es “Trabajo y Capital en el siglo XXI” (2022).

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