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¿DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL A LA DESGLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL? NO, GRACIAS.

Francisco Morote. Attac Canarias

«La desigualdad está creciendo. Las personas están cuestionando un mundo en el que un puñado de individuos posee la misma riqueza que la mitad de la humanidad». Antònio Guterres, Secretario General de la ONU: mensaje de Año Nuevo 2019.

¿De la globalización neoliberal a la desglobalización neoliberal?  ¿De Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Augusto Pinochet a Donald Trump, Boris Johson y Jair Bolsonaro? Por favor, para ese viaje no hacían falta alforjas.

Se trata del neoliberalismo, del mismo perro con distinto collar, globalizador o desglobalizador. Antes imponiendo, EEUU+RU y sus acólitos, la agenda globalizadora librecambista en su propio interés; ahora, con China y Alemania convertidos en rivales de éxito, la globalización ha dejado de ser un medio para imponer su supremacía económica, abandonando el libre comercio y volviendo a un cierto modo de proteccionismo. Pero siempre, con un disfraz o con otro, el mismo neoliberalismo, «entendido de modo llano como el predominio prácticamente exclusivo de los criterios del mercado en el extenso campo de las condiciones económicas y sociales » en palabras de León Bendesky 

En fin, si en los tiempos de la globalización neoliberal hubo que combatir los mal llamados tratados de libre comercio (como el Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversión o el Tratado Transpacífico de Cooperación Económica) ahora, en esta fase de desglobalización neoliberal toca revertir, más que nunca, el desmantelamiento y privatización de los servicios públicos, especialmente la sanidad pública, reducida a mínimos y puesta a prueba dramáticamente por la pandemia del COVID-19. 

Con globalización o con desglobalización, el neoliberalismo siempre le ha asignado al Estado un papel, proveer a la clase acomodada por excelencia, la burguesía, las condiciones económicas y sociales más propicias para alcanzar su objetivo último y permanente, la máxima concentración de riqueza en sus manos, tanto en el mercado mundial, como en el nacional. De ahí que con globalización o desglobalización al Estado  se le vea siempre, desde la óptica neoliberal, como algo a despojar, a convertir en un botín privado: empresas y servicios públicos, etcétera.

Hoy, en estos tiempos de pandemia, que han desnudado las miserias del neoliberalismo,  la tarea para los movimientos sociales y las fuerzas políticas progresistas, es conquistar electoralmente el poder gubernamental de los Estados, para ponerlos al servicio del bien común, que es, en la práctica, el bien de la inmensa mayoría. Recuperar y fortalecer el Estado del Bienestar o empezar a levantar sus cimientos, según los casos, y construir un nuevo orden ecológico, económico y social  internacional, deberían ser sus objetivos prioritarios. No será nada fácil conseguirlos. Enfrente se encontrará con la oposición de esa minoría de súper ricos y sus seguidores,  partidarios de la vuelta a la «normalidad capitalista», esa normalidad que, con globalización o con desglobalización es, como decía Bertrand Russell ya en 1963,  « una sociedad en la cual una minoría muy pequeña de propietarios somete a la explotación al resto de la población, arremete contra la naturaleza y despilfarra los recursos naturales del planeta» (Political Ideals. Unwin Books. London 1963).

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