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El imperio de EEUU. se autodestruye

Pero nadie pensó que ocurriría tan rápido

Publicado en inglés en el blog del autor

Los Imperios suelen seguir el rumbo de la tragedia griega, viéndose abocados al preciso destino que pretenden evitar. Éste parece ser el caso del imperio estadounidense, que se autodesmantela a no poca velocidad.

El supuesto básico de la prospectiva diplomática y económica es que cada país actúa según su propio interés. Este supuesto no es válido en el mundo actual. La confrontación diplomática de EEUU con Rusia y otros aliados se describe por observadores de un amplio espectro político como “dispararse en el propio pie”.

Durante más de una generación los diplomáticos más destacados han advertido de lo que ellos presumen representaría la mayor amenaza: una alianza de Rusia y China que dominase Eurasia. Las sanciones económicas y el enfrentamiento militar con EEUU ha juntado a estas potencias y está llevando a que otros países entren en su órbita emergente euroasiática.

Se creía que el poder económico y financiero norteamericano conjuraría este destino. Ya ha pasado medio siglo desde que en 1971 EEUU se independizó del oro y los bancos centrales de la mayor parte del mundo han operado con el dólar como estándar, manteniendo sus reservas monetarias internacionales en Bonos del Tesoro norteamericano, depósitos bancarios en EEUU y en acciones y otros valores norteamericanos. El estándar de valores de EEUU ha permitido que este país financie su gasto militar en el exterior  y su déficit comercial crónico mediante la creación de IOUs (pagarés) que aceptan los demás países. Los déficits de la balanza de pagos estadounidenses se convierten en las reservas de los países con excedentes, mientras que los países deudores del Sur Global necesitan dólares para saldar sus deudas y mantener el comercio exterior.

Este privilegio monetario, el señoriaje del dólar, ha permitido a la diplomacia norteamericana imponer sus políticas neoliberales al resto del mundo, usando de forma restringida su fuerza militar, excepto para apoderarse del petróleo de Oriente Próximo.

La escalada reciente de sanciones de EEUU que bloquean el comercio y las inversiones en Rusia, Irán y China ha supuesto un gran coste de oportunidad sobre los aliados de EEUU (es decir, el coste de las oportunidades perdidas). Asimismo, la confiscación reciente de oro y otras reservas monetarias de Venezuela, Afganistán y ahora de Rusia, junto con la confiscación selectiva de cuentas bancarias de extranjeros ricos (puede que con la idea de atraerlos ideológicamente con la esperanza de que les sean devueltas sus cuentas), ha desmontado la convicción de que las propiedades en dólares, o en las monedas de los países satélites, como RU o los de la EURO OTAN, constituyen inversiones seguras en el caso de que las condiciones económicas mundiales sean inestables.

Estoy decepcionado por la velocidad a la que este sistema financiero basado en los EEUU se ha des-dolarizado en uno o dos años solamente. El tema básico de mi teoría sobre el Superimperialismo ha sido cómo, durante los últimos cincuenta años, el estándar de los valores del Tesoro de EEUU ha canalizado los ahorros extranjeros a los mercados financieros y bancos de EEUU, proporcionando el sustento a la diplomacia del dólar. Calculaba que la des-dolarización sería encabezada por Rusia y China en el proceso de tomar el control de sus propias economías y evitar el tipo de polarización financiera que se impone a través de la austeridad en EEUU (1). Sin embargo, son las propias autoridades estadounidenses las que les están forzando a despejar cualquier duda que albergasen sobre la des-dolarización.

Yo esperaba que el final de la economía imperial dolarizada se produjera por iniciativa de otros países, pero no es lo que está ocurriendo. Las propias autoridades estadounidenses han elegido terminar con la dolarización internacional, mientras que ayudan a Rusia a construir una producción agrícola e industrial autosuficiente.

Rusia estaba demasiado encandilada por la ideología del libre mercado para acometer acciones que protegieran su agricultura e industria. Fue EEUU quien suministró el empujón preciso imponiendo la autosuficiencia en Rusia.

Este proceso ha ido desarrollándose durante algunos años ya, comenzando con las sanciones que evitan el comercio con Rusia a los aliados de la OTAN y otros países satélites económicos de EEUU. Para Rusia, estas sanciones han tenido el mismo efecto que hubiera sucedido con tarifas comerciales protectoras.

Rusia estaba demasiado encandilada por la ideología del libre mercado para acometer acciones que protegieran su agricultura e industria. Fue EEUU quien suministró el empujón preciso imponiendo la autosuficiencia en Rusia. Cuando los Estados Bálticos perdieron el mercado ruso de queso y productos lácteos, Rusia desarrolló rápidamente su propio sector láctico y quesero, a la vez que se convertía en el mayor exportador cerealista del mundo.

Rusia está descubriendo (o está a punto de hacerlo) que no necesita dólares como respaldo del tipo de cambio del rublo. Su Banco Central puede crear los rublos necesarios en pago de los salarios domésticos y financiar la formación de capital necesario. Las confiscaciones de EEUU pueden finalmente convencer a Rusia de que abandone su filosofía monetaria neoliberal a favor de la TMM, como Sergei Glaziev ha estado defendiendo.

Esta misma dinámica de socavar de forma manifiesta los objetivos propios ha ocurrido con las sanciones contra los superricos rusos. La terapia de choque neoliberal y las privatizaciones de los 90s marcó un camino único para que los cleptócratas rusos pudieran manejar los valores que habían robado al dominio público. Este camino consistía en crear empresas con los fondos apropiados y vender las acciones en Londres y Nueva York. Los ahorros domésticos rusos habían desaparecido y los asesores norteamericanos convencieron al Banco Central ruso de no crear su propio sistema financiero en rublos.

El resultado fue que el patrimonio ruso en petróleo, gas y minerales no se empleó en financiar la racionalización de la industria y del patrimonio inmobiliario. En lugar de utilizar los ingresos de las privatizaciones en crear nuevos medios de protección para Rusia, se quemó en compras de nuevos ricos, como propiedades de lujo en UK, yates y otros activos de ocultación de capitales. Sin embargo, el efecto de tomar como rehenes las propiedades rusas en dólares y libras ha sido el de convertir la City de Londres en demasiado arriesgada como depositaria de activos. Imponiendo sanciones en los superricos rusos más cercanos a Putin, EEUU trataba de empujarles a oponerse a la ruptura con Occidente, y, de este modo, convertirlos en agentes de influencia de la OTAN. Pero puede ocurrir que estos supermillonarios comiencen a considerar más seguro su propio país.

Durante las últimas décadas, la Reserva y el Tesoro federales han luchado contra la recuperación del papel central del oro en las reservas internacionales. Pero, ¿Cómo verán India y Arabia Saudita sus activos en dólares cuando Biden y Blinken tratan de forzarles a seguir las “normas” de EEUU contra su propio interés nacional?. Los movimientos recientes de EEUU les han dejado pocas alternativas a comenzar a proteger su propia autonomía política convirtiendo los activos en dólares y euros a oro, como un valor libre de la influencia política que supone ser rehén de las exigencias progresivamente más costosas y desestabilizadoras de EEUU.

La diplomacia norteamericana se ha reído de la abyecta servidumbre europea ordenándole a sus gobiernos que las empresas europeas malvendan sus activos rusos por pocos centavos el dólar, después de bloquear las reservas exteriores rusas y de que se desplomase la tasa de cambio del rublo. Inmediatamente, inversores norteamericanos como Blackstone, Goldman Sachs y otros han comprado los activos de los que Shell y otras compañías extranjeras se estaban deshaciendo.

Nadie pensó que el Orden Mundial 1945-2020 pudiera deshacerse tan rápidamente. Aunque no está clara su forma futura, es evidente que está emergiendo un nuevo orden económico internacional. El “pinchar al oso” con el enfrentamiento EEUU/OTAN versus Rusia ya ha pasado el nivel crítico y no se refiere a Ucrania solamente.

Nadie pensó que el Orden Mundial 1945-2020 pudiera deshacerse tan rápidamente. Aunque no está clara su forma futura, es evidente que está emergiendo un nuevo orden económico internacional. El “pinchar al oso” con el enfrentamiento EEUU/OTAN versus Rusia ya ha pasado el nivel crítico y no se refiere a Ucrania solamente. Ahora este país se ha convertido sólo en el detonante, un catalizador para intentar sacar a gran parte del mundo de la órbita EEUU/OTAN.

El siguiente punto de batalla puede estar dentro de la misma Europa, cuando políticos nacionalistas  comiencen a buscar la separación del desmesurado poder de EEUU sobre sus aliados europeos (y otros) para mantenerles en el sistema de comercio e inversión centrado en EEUU. El precio de esta sumisión es llevar a su industria a una inflación de costes, a la vez que subordinan sus políticas electorales democráticas a los procónsules norteamericanos de la OTAN.

Estas consecuencias no pueden considerarse “no pretendidas”. Muchos observadores han señalado exactamente lo que ocurriría, incluyendo al Presidente Putin y al Ministro Lavrov, que explicaron exactamente cuál sería su respuesta en el caso de que la OTAN insistiese en arrinconarles, a la vez que atacaban a las poblaciones rusohablantes del Este de Ucrania  y movían armas pesadas a la frontera occidental rusa. Las consecuencias se conocían. Los neoconservadores que controlan la política exterior norteamericana las ignoraron. Cualquiera que reconociera estas preocupaciones se convertía en un Putinversteher (“entendedor de Putin”).

Los manierismos y modo de expresarse de Trump eran sin duda zafios, pero la banda neocon de EEUU tiene obsesiones de enfrentamiento más amenazadoras.

Las autoridades europeas no se recataron en contar al mundo sus preocupaciones sobre la cordura de Donald Trump, aunque con ello se salieran de las normas de la diplomacia internacional. Pero parecen haber sido cegados por el renacimiento en la Administración Biden del odio visceral hacia Rusia, expresados por el Secretario Blinken y por Victoria Nuland-Kagan. Los manierismos y modo de expresarse de Trump eran sin duda zafios, pero la banda neocon de EEUU tiene obsesiones de enfrentamiento más amenazadoras. Para ellos, se trata de qué realidad saldrá triunfante: la “realidad” que creen poder fabricar o la realidad económica fuera del control de EEUU.

Lo que los países extranjeros no han hecho para reemplazar el FMI, el Banco Mundial y otras armas de la diplomacia de EEUU, lo están logrando los propios políticos norteamericanos. Los países europeos, del Oriente próximo y del Sur Global no se están rompiendo con el sistema anterior por sus propios cálculos de sus intereses. Es EEUU quien les empuja a apartarse, como ha hecho con Rusia y China. Más políticos se ven obligados a buscar el voto popular preguntándose si sería deseable un nuevo sistema financiero que reemplazase al de comercio, inversión e incluso de deuda externa dolarizado.

El encarecimiento de los precios de la comida y energía está atacando con máyor dureza a los países del Sur Global, coincidiendo con los problemas derivados de la Covid-19 y con la amenaza creciente del servicio de la deuda dolarizada. Una solución es necesaria. ¿Cuánto aguantarán estos países la austeridad para el pago a los tenedores de bonos extranjeros?.

¿Cómo se manejarán las economías europeas y norteamericana con sus sanciones contra las importaciones de gas, petróleo, cobalto, aluminio, paladio y de otros materiales básicos rusos?. Las autoridades norteamericanas han hecho una lista de las materias primas que su economía necesita desesperadamente y que, por ello, han de quedar exentas de las sanciones comerciales. Esta lista es también la de puntos débiles sobre los que Putin puede presionar en el realineamiento de la diplomacia mundial y para ayudar a los países europeos y otros a romper el telón de acero que EEUU ha impuesto para inmovilizar a sus satélites en la dependencia de los caros suministros norteamericanos.

El gas no es necesario solamente para calefacción y producción de energía, sino para producir fertilizantes, de los que ya hay escasez.

Pero el empujón final al aventurerismo de la OTAN debe venir desde dentro de los propios EEUU. Según se aproximen las elecciones de mitad de la presidencia, los Republicanos probablemente se cebarán más con la inflación, encabezada por la gasolina y la energía, como un fracaso de Biden. No está claro si para ese momento la ola de propaganda pro-Ucrania habrá perdido efectividad por la sobreexposición. En el caso de que Rusia logre terminar la guerra en un plazo corto, los Republicanos podrían machacar a Biden por desplegar unas sanciones costosas y poco meditadas, cuando EEUU necesita las exportaciones de gas y petróleo. El gas no es necesario solamente para calefacción y producción de energía, sino para producir fertilizantes, de los que ya hay escasez. Especialmente ahora, que están bloqueados los envíos de cereales de Ucrania y Rusia, elevando los precios en Europa Y EEUU.

La idea de obligar a Rusia a responder militarmente y, de esta forma, denigrar su imagen en el resto del mundo está resultando una estratagema con el objetivo de aumentar la contribución europea a la OTAN, comprar más equipos militares norteamericanos y profundizar la dependencia comercial y monetaria de Estados Unidos. La inestabilidad que estas acciones pueden causar podrían tener el efecto de hacer aparecer a EEUU tan amenazante como Rusia.

(1) Véase el reciente “Más allá de la creditocracia del dólar: Una economía geopolítica”. Radhika Desai y Michael Hudson. Valdai Club Paper 116. Rel World Economic Review (97). https://rwer.wordpress.com/2021/09/23.

6-Marzo-2022

Michael Hudson es Catedrático Investigador en Economía de la Universidad de Missouri, Kansas City e Investigador Asociado del Instituto de Economía Levy del Bard College. Su último libro es “Perdónales sus deudas. Préstamos, ejecuciones y redención de deudas desde la Edad de Bronce hasta el Año del Jubileo”.

Traducido del inglés por Ernesto Manzanares.

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