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Especuladores, raqueros y comisionistas, un crimen evitable

Por Arturo Martínez. Miembro de Attac. Publicado originalmente en elsaltodiario.com

Es una máxima de sabiduría financiera que los inversores huyen de los mercados inestables. Lo oímos a menudo a expertos y tertulianos de televisión y otros medios.

¡No se lo crea!

Si acaso podemos conceder que, efectivamente, un inversor que ha apostado un capital para obtener un rédito en un futuro busque valores seguros alejados de bruscos vaivenes. Pero esa no es la tónica general de tantos otros, sino más bien esta otra de “a río revuelto ganancia de pescadores”. Para quien domina y faena en esas aguas es un maná de donde sacar provecho de tanto incauto. Y si el agua no está revuelta, se revuelve.

La historia naval nos deja ejemplos de un fenómeno tan apasionante y espeluznante como fue el de los naufragadores o raqueros. En costas peligrosas para la navegación se ataba un candil o similar a algunas bestias que se dejaban sueltas en la playa para que en noche de tormenta, y divisadas desde el mar, aparentara ser el tranquilo vaivén de barcos fondeados en una cala segura. De esta forma se atraía a esas naves a un lugar que les provocaría el naufragio y se rapiñaba la mercancía y a los muertos.

La práctica está documentada en costas de Escocia e Irlanda. Nuestra Emilia Pardo Bazán escribe tres relatos sobre ello inspirados supuestamente en dicha práctica realizada también en Galicia, si bien diversos autores sostienen que no hay pruebas documentales que soporten su autenticidad en nuestras costas, que se trataría de una leyenda negra inspirada en relatos de otros autores y lugares.

Traigo a colación este capítulo por sus similitudes y diferencias con las prácticas de los especuladores financieros.

La primera diferencia es evidente: los raqueros cometían directamente asesinatos —y si no morían ahogados de por sí, en ocasiones los supervivientes eran también ejecutados para no dejar testigos de la intencionalidad del naufragio o para robarles también a éstos— mientras que para los especuladores es solo cosa de dinero. Ellos solo rapiñan.

Otra diferencia es que el hambre en zonas deprimidas estuvo detrás de muchos de estos homicidas. No es así para los acomodados especuladores operando desde sus despachos, que por el contrario sí provocan miseria y hambre cuando el objeto usado para su lucro son alimentos, bienes de primera necesidad o la deuda de un país. Esto no es una alegoría, estamos hablando de que son inductores, al tiempo que peristas, de estos crímenes.

Los defensores del impuesto a las transacciones financieras (ITF o Tasa Tobin) lo hemos explicado muchas veces. Permitir la creación de burbujas financieras es revolver esos mares, esos mercados, provocando quiebra de empresas y ruina a millones de ciudadanos cuando éstas explotan. Esto es fácilmente evitable con un pequeño impuesto de compra cuya cuantía sea superior a la pequeña ganancia en porcentaje esperada (pero ingente en el volumen total obtenido por la compraventa en corto repetida, las operaciones de alta frecuencia y otras prácticas).

¿Quién se opone a ello? Lógicamente los raqueros de estas operaciones: todos los intermediarios financieros que cobran cuantas más operaciones se realizan a costa de inflar las burbujas (el volumen de transacciones mundial ha pasado de ser 25 veces el PIB del planeta en los noventa a 70 veces al iniciar esta última gran crisis) y por supuesto los naufragadores que especulan contra una determinada empresa, actividad o país. Estos mezquinos comisionistas, estos peristas del crimen financiero son capaces de hundir cualquier barco en su propio beneficio. Y es que hoy día las comisiones han cobrado en el negocio bancario una importancia capital.

En la isla de San Agnes (Cornualles) en el siglo XIX se rezaba a la patrona para que los barcos naufragaran allí, y ya puestos que fueran bien cargados de mercancías ¡No tuviera a bien La Señora hacer naufragar una nave vacía! Un párroco de Las Sorlingas invocaba para que esto sucediera en su parroquia y no en la vecina para aliviar así el hambre de sus feligreses. ¡Que nos sirva de imagen de la crueldad y violencia del hambre a quienes no la hemos padecido!

Dar un paso adelante y provocar el naufragio es lo que hizo el farero de San Agnes en 1680 no encendiendo el faro hasta después de haber provocado el naufragio de una nao. A partir de dicho acontecimiento se prohibió a los naturales de Cornualles el oficio de farero.

Habríamos de esperar que se prohibiera hoy día también que ejercieran de fareros pero, asistimos estupefactos al paso de los años sin que esto ocurra. Al contrario, conocidos naufragadores como José Manuel Durao Barroso, Mario Draghi, Mario Monti, Lukás Papademus o Luis de Guindos, por citar algunos de los más conocidos, son nombrados responsables de los principales faros internacionales dejando a las naciones al desabrigo de ladrones y asesinos.

Pero estamos ante dos iniciativas que podrían cambiar para bien el derrotero de tantos buques (aviso a navegantes: los cambios no se producen si los ciudadanos no empujamos, como Attac lleva 20 años haciendo). Por un lado la presidencia portuguesa de la UE pretende reiniciar las negociaciones del ITF en la UE. Ahora, la City londinense no está para poner palos en las ruedas, sin embargo ya han surgido nuevas oposiciones. Y, por otro, desde allende los mares (EE UU) el congresista Peter DeFazio ha iniciado la tramitación en el Congreso estadounidense de una Ley de Impuestos de Wall Street (Wall Street Tax Act) que busca crear un nuevo impuesto sobre las transacciones financieras dirigida a reducir el comercio especulativo y la volatilidad en los mercados financieros. Lo explica así en la exposición de motivos:

“Los operadores de alta frecuencia lideran el mercado e impulsan los precios para beneficio de los individuos adinerados, los fondos de pensiones y otros inversores de los mercados de valores” (…). Algunos días, los operadores de alta frecuencia negocian miles de millones de acciones que a veces mantienen durante solo unos segundos o menos. Obtienen enormes beneficios financieros para ellos y sus privilegiados inversores de élite, pero no agregan valor a nuestra economía”.

En la misma línea el diputado por New York Phil Steck quiere reactivar una ley que grababa hasta 1979 la transferencia de acciones. Esperamos que estos esfuerzos desde ultramar por evitar la rapiña lleguen a buen puerto. Quizás allí sí que tomen nota por fin de la importancia de detener estos crímenes, al fin y al cabo el barco naufragado en San Agnes en 1680 venía de Virginia.

Bibliografía sobre naufragadores:

Fernando Alonso Romero: Historias de naufragios en tres finisterres europeos. Land´s End (Ingalaterra), Dingle(Irlanda) y Finisterre (España)

¿Quiénes eran los naufragadores? Blogcatedranaval.com

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