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Presupuestos del Estado 2021: un inevitable castillo de naipes

Albino Prada, Consejo Científico de Attac

Elaborar una previsión de gastos e ingresos públicos para el año 2021, en una situación de extrema incertidumbre como la provocada por la actual pandemia desde marzo de 2020, es un ejercicio de prestidigitación. Sea quien sea el que lo elabore. Es así que las cuentas presentadas por el actual gobierno deben ser evaluadas de forma poco habitual. Veamos.

EL DETERIORO REAL DEL AÑO 2020

Para empezar es necesario tener bien presente el transcurso de las sucesivas previsiones de crecimiento económico realizadas para este año 2020. Comparar lo que se fue diciendo con lo que en realidad sucedió. Brevemente.

Esas previsiones se fueron deteriorando paulatinamente. Si antes de la pandemia íbamos a crecer un 1,5%, ya los primeros impactos obligaban a considerar una recesión del -6%, pero es lo cierto que hoy el Gobierno reconoce una caída del -11,2%. Algo que incluso podría empeorar si, como parece, el Banco de España se equivoca al no considerar un escenario de confinamientos masivos, como ya se están produciendo. Un escenario que, cuando sí lo consideraba, suponía dos o tres puntos más de caída del PIB.

En suma: habríamos pasado de estimar una caída del -6% a superar el -12%. ¡Cómo para hacer previsiones seguras para 2021¡ (sobre todo en ausencia de una vacuna que podría llegar a mediados de año).

Sobra decir que estas previsiones condicionan radicalmente lo que se vaya a recaudar por los distintos tributos, así como la cuantía de los gastos que serán necesarios para paliar los daños sociales causados por la pandemia. Porque, según el deterioro vaya agravándose, los ingresos caerán y los gastos se dispararán.

Es por tal motivo que el crecimiento del déficit y de la deuda también se fue deteriorando a lo largo de este año en relación a las previsiones. En un caso pasamos de un -6% a un -12%, y en el otro, por el efecto combinado de un déficit creciente y de un PIB menguante, la deuda pasaría de un 97% a un 120% del PIB ya en este año 2020. Una bola de nieve.

LAS CÁBALAS SOBRE EL AÑO 2021

Con estos precedentes, y con la pandemia ya desbocada en una segunda ola, y con presiones para estar condenados a una tercera ola a causa de las fiestas navideñas, del Xacobeo o de distintos festejos y flujos turísticos, las previsiones para 2021 a día de hoy estiman una recuperación del 7%, basada sobre todo en la demanda interna y mucho menos en el motor exterior.

Es en este punto donde se construye un nuevo castillo de naipes pues para que tal cosa suceda la recuperación del empleo destruido (por ejemplo vinculado al turismo y al ocio) tendría que ser tan rápido como lo fue su destrucción. Algo que se producirá de forma mucho más procelosa y cautelosa por parte de los consumidores. Siendo así que llegaría con que en vez de aquel 7% de crecimiento del PIB lo fuese del 4% para que todo el proyecto presupuestario saltase por los aires. Y, visto lo sucedido a lo largo de este año 2020, es perfectamente posible que tal cosa suceda.

Si así fuese las previsiones de crecimiento de los ingresos y de los gatos públicos serían papel mojado. No siendo suficiente con esto, sucede además que el Gobierno sitúa su previsión de crecimiento del PIB para 2021 muy por encima (en el 10%), con lo que una corrección final de la realidad a un 5% sería letal. Y nada hay a día de hoy que impida suponer que así sea. En este caso la prudencia y el principio de precaución macroeconómica aconsejarían manejar aquél 5% en vez de un 10%. Una cifra más acorde con las previsiones de la Comisión Europea para 2021.

Porque para que el déficit público se reduzca, como se vaticina, del -12% en 2020 a menos del -8% en 2021 es necesario que los ingresos fiscales crezcan nada menos que en casi un treinta por ciento nominal sobre las cifras de 2020. Casi treinta mil millones que se evaporarían si el crecimiento del PIB resultase muy inferior a aquella cifra del 10%.

Y sostengo todo lo anterior independientemente de que se hagan realidad las acertadas medidas de nuevas figuras fiscales (impuesto a las transacciones financieras, tasa a las GAFAM, impuestos verdes) y los más que oportunos ajustes progresivos en el IRPF y en otros impuestos. Porque sucede que su peso en aquellos treinta mil millones de mayores ingresos fiscales en 2021 es muy limitado: apenas seis mil millones. El resto, nada menos que veinte y cuatro mil millones, tiene que ver con la dinámica (imaginada) del PIB.

No me sorprende que el Gobierno no presente previsiones de deuda pública para finales de 2021. Pues si los ingresos previstos se desplomasen como un castillo de naipes (a causa de que la recuperación fuese mucho menos intensa de lo previsto), el efecto combinado de un déficit mayor y de un menor PIB nos llevaría a niveles de endeudamiento muy peligrosos. A una auténtica bola de nieve de deuda.

Peligrosa por más que el BCE siga haciéndonos –de momento- la respiración asistida con compras masivas para mantener durmiente la prima de riesgo. Porque si despertase, el artículo 135 de la reforma exprés de la Constitución (un hito del centrismo-progresismo-neoliberal en España) determinaría a cara de perro que cosas son prioritarias.

Son las consecuencias de habernos sorprendido este tsunami pandémico sin poner en su sitio tanto a los gorrones y secesionistas fiscales como a los grandes empresarios parásitos de lo público, que aún encima pondrán el grito en el cielo contra la deriva de las finanzas públicas social-comunistas. Tanta abducción neoliberal llevamos tragado que también a ese escenario le darán la vuelta como un guante. Pasarán de villanos a héroes unos, y otros de héroes a villanos.

ATTAC no se identifica con las opiniones expresadas en los artículos que son responsabilidad de los autores de los mismos.

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