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Renta Básica. Don’t worry, Be happy.

Sonia Fuertes. Publicado en SinPermiso el 13-6-23

Los distintos proyectos piloto que han experimentado con la Renta Básica no sólo muestran cómo unas bases materiales sólidas mejoran nuestra calidad de vida, sino que también destacan la importancia de la libertad, la autonomía y el sentimiento de bienestar que se generan cuando se dispone de esta base económica segura.

El 1988 fue un gran año para Bobby McFerrin, su canción “Don’t worry, be happy” llegó a ser número 1 en algunas listas de éxitos musicales, siendo la primera canción a capela que alcanzaba esta posición. Su melodía, altamente contagiosa, ha sido tarareada en numerosos eventos festivos, y la frase, atribuida a Meher Baba, se ha utilizado en diversos contextos. Ahora bien, rara vez nos hemos detenido a escuchar la letra con atención: no tienes dinero, no tienes a nadie, no puedes pagar el alquiler… Don’t worry, be happy.

Esta felicidad edulcorada, que puede incluso ignorar las condiciones más precarias con una sonrisa, encuentra también su sentido en el denominado género de autoayuda, que creció de forma espectacular durante el siglo XX.

Si nos adentramos en una arqueología sociológica de lo que supone esta corriente, veremos cómo algunos de los autores/as reivindican su existencia a lo largo de toda la historia. Así, citan a Hesíodo y su obra “Los trabajos y los días” como un claro antecedente, y también consideran de importancia la obra de Marc Aureli. Otros sitúan los antecedentes en la propia religión y nos hablan de la Biblia, del budismo o del Tao Te Xing. Esta asociación entre referencia y religión, que no vamos a desarrollar aquí, nos habla ya de cierta ilusión mágica que se respira en estos libros y que, de forma más o menos clara, nos responsabiliza de todo lo que acontece en nuestras vidas. La posición que adoptamos ante los diversos hechos, el lenguaje que utilizamos para hablar sobre nosotros mismos y nuestras relaciones, las afirmaciones que hacemos en torno al futuro… todos estos aspectos, vinculados con nuestra responsabilidad individual, son los que determinan o condicionan nuestra realidad. A partir de ahí, la poesía y habilidad de cada autor/a nos hablará del niño/a interior, del cuerpo como lenguaje, de las personas tóxicas y/o de las personas vitamina… Todo un universo referencial de fácil acceso que nos abre la puerta a ser nosotros mismos y decidir quién queremos ser. Es sólo cuestión de actitud, determinación, resiliencia. La música suena en grande, armónica y sugerente. Si prestamos atención pero algo desentona, especialmente en momentos de dificultad, como el advenimiento de una enfermedad. El vocabulario épico, de lucha y superación, presenta un reverso más que cuestionable, situando el supuesto poder de curación en la persona y en la forma de vivir el tratamiento y el diagnóstico.

Esta omnipotencia emocional nos aleja a la vez de acercamientos racionales y reflexivos. El capitalismo emocional no es sólo una industria cultural, el imperativo sean felices opera también como mecanismo de control social y entronca de forma casi perfecta con el discurso de la meritocracia. Happycracia y meritocracia. Una asociación que contribuye a diluir situaciones de desigualdad en el punto de partida de nuestras vidas, en las condiciones socioeconómicas y también en otros factores que inciden de forma clara en nuestro bienestar.

En este escenario, observamos también cómo la felicidad pasa a formar parte de la agenda institucional. En 2012 la Asamblea General de la ONU decidió establecer el 20 de marzo como día internacional de la Felicidad, para reconocer su importancia en nuestras vidas. A este evento debe añadirse la primera publicación del Informe mundial, un interesante documento que profundiza en el concepto y que plantea cuestiones para la reflexión. La importancia de un acercamiento colectivo a la noción de felicidad, el análisis de su distribución (y no sólo el de la media aritmética), la incidencia en la confianza, la importancia de los vínculos y la comunidad, la sostenibilidad y cuidado del planeta y la necesidad de adoptar un enfoque inclusivo y equitativo en el crecimiento económico son algunos de los aspectos más destacables.

Por otro lado, el informe destaca como factores clave para explicar las diferencias a nivel interno y entre países la salud física y mental, las relaciones humanas (familia, trabajo y comunidad), los ingresos y el empleo, las “virtudes de carácter” como la sociabilidad y la confianza, el apoyo social, la libertad personal, la ausencia de corrupción y el gobierno efectivo. Se trata pues de un esfuerzo por situar elementos determinantes (o al menos condicionantes) que tienen una clara incidencia en el bienestar de las personas y las comunidades, y que guardan una estrecha relación también con las políticas y no tanto con la subjetividad.

Y aquí creemos que se abren posibilidades, menos mágicas y más vinculadas a la construcción colectiva. Una de ellas es sin duda la propuesta de una renta básica, una asignación monetaria incondicional que nos abre la posibilidad de elección y nos otorga un margen de libertad. Salimos del pensamiento mágico y entramos en la esfera de la responsabilidad pública que tenemos para generar unas mejores condiciones para el conjunto de la sociedad.

Y sí, hemos hablado mucho de la renta básica como elemento fundamental para otorgar autonomía, para restablecer unas mínimas condiciones que nos permitan un margen de elección (o capacidad de negociación) y para superar un paradigma asistencial que se ha revelado claramente insuficiente para abordar los temas de pobreza y exclusión.

Pero resulta también que es desde la perspectiva de la felicidad que la propuesta obtiene buenos resultados. En el caso de Finlandia, el proyecto, que duró dos años y se dirigió exclusivamente a personas en paro (en sentido estricto no sería por tanto una modalidad de renta básica), demostraba de manera clara el impacto en el bienestar de las personas. La satisfacción personal con su propia vida, la confianza en la comunidad y en las instituciones, y la mejora de la salud mental mejoraban de forma clara.

En clave local, el proyecto B-Mincome, impulsado en 2017 por el Ayuntamiento de Barcelona en el marco del proyecto europeo Urban Innovative Actions y con una duración de 36 meses, presentaba conclusiones similares en cuanto al bienestar subjetivo. La reducción de parte de la incertidumbre financiera y el estrés asociado a esta situación generaba un aumento significativo en términos de satisfacción con la propia vida. Estos factores favorecían al mismo tiempo una mayor vinculación a la comunidad, mayor sentimiento de pertenencia y un aumento de la confianza, especialmente en aquellos participantes vinculados a la línea de trabajo del proyecto que añadía política social comunitaria a la percepción del ingreso monetario.

Las distintas experiencias vinculadas a la Renta Básica nos revelan la importancia vital de la seguridad material en la construcción de nuestra felicidad. Los cambios en los hábitos de vida, formas de pensar o los cambios de actitud pueden influir positivamente en nuestra visión del mundo y la percepción de nosotros mismos, pero esta transformación es claramente insuficiente si no estamos en condiciones de satisfacer nuestras necesidades básicas. Las propuestas individualistas, que se recogen en muchos libros de autoayuda, a menudo pasan por alto esta realidad tangible, y la responsabilización individual (presentada a menudo como empoderante) puede facilitar que el incumplimiento de las expectativas de mejora psicológica y vital se transformen en decepción, ansiedad o culpa adicional. La perversión puede ser, pues, ofrecer acompañamiento emocional, terapeutizar la pobreza y, en cambio, no garantizar unos ingresos.

Los diversos proyectos piloto que han experimentado con la Renta Básica no sólo muestran cómo unas bases materiales sólidas mejoran nuestra calidad de vida, sino que también destacan la importancia de la libertad, la autonomía y sentimiento de bienestar que se generan cuando se dispone de esta base económica segura.

Sònia Fuertes

Educadora social y comisionada de Acción Social del Ayuntamiento de Barcelona