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Sacrificar el euro digital para que nada cambie

Artículo origina publicado en elsaltodiario.com por Mario Martínez

El lobby bancario europeo lleva al menos dos años influyendo con éxito en el diseño del euro digital, una forma de dinero público análoga al efectivo pero en formato digital que, si es aprobada por el Parlamento Europeo en abril, podría estar operativa tan pronto como en 2026. Para los bancos, la posibilidad de una alternativa pública, segura y respetuosa de la privacidad a la infraestructura de pagos de la que ahora son el epicentro significaría que tendrían que competir con ella y perder su papel central en el sistema monetario.

Si damos a todas las personas en Europa la opción de tener una cuenta de euros digitales a través de la cual puedan ahorrar, realizar pagos o recibir nóminas de forma gratuita, los bancos se verán obligados a remunerar adecuadamente los depósitos y reducir los costes de transacción que cobran a todas las empresas que utilizan el dinero bancario electrónico que ellos mismos crean, dejando probablemente atrás la era de ganancias extraordinarias que venían disfrutando.

Gracias a una solicitud realizada al amparo de las normas de transparencia de la UE, ahora podemos leer el contenido de los mensajes y reuniones que los bancos han mantenido con representantes de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Su posición es clara: limitar al máximo la utilidad de esta nueva forma de dinero digital público y retrasar su implementación indefinidamente. Y, por lo que podemos leer, en el borrador que la comisión presentó el año pasado o en las enmiendas contenidas en el último informe del comité parlamentario que estudia el tema, parece que sus demandas van calando.

El interés de nuestro Banco Central por esta cuestión se puede explicar por muchos motivos, pero a la vista de las declaraciones de sus responsables y de los cambios cruciales que se están produciendo, da la impresión de que, lejos de seguir un plan premeditado y muy sofisticado, van más bien improvisando sobre la marcha. Hay muchos aspectos clave del diseño que aún están en el aire. El principal tiene que ver con la cantidad máxima que cada persona puede tener en forma de euro digital. Mientras que la banca pretende limitarlo a unos 500 o 1.000 euros por persona, las últimas propuestas oficiales hablan de 3.000 o 4.000 euros, cantidades igualmente pequeñas que sólo pretenden contener la cantidad de depósitos bancarios que podrían llegarse a convertir en dinero público.

Diversos académicos sugieren que esta infraestructura pública permitiría una mayor competencia en el sector, nivelando el campo de juego entre bancos y no bancos

Los representantes del sector bancario inciden en que esta pérdida de financiación pondría en riesgo la estabilidad del sistema y limitaría su capacidad de préstamo, pero lo cierto es que estas acusaciones carecen de fundamento científico. Diversos académicos sugieren que esta infraestructura pública permitiría una mayor competencia en el sector, nivelando el campo de juego entre bancos y no bancos en términos de oferta de servicios de pago y de financiación, lo que podría reducir el preocupante tamaño de los bancos de importancia sistémica y compensaría con creces la menor capacidad de prestar de los mismos. Podemos provocar una explosión de alternativas que beneficie a ahorradores y usuarias mientras al mismo tiempo ponemos fin a las crisis y rescates bancarios que implica el actual monopolio de los depósitos en el ámbito del dinero digital. Pero para obtener estos beneficios, el euro digital debe diseñarse no sólo como un medio de pago sino también como una reserva de valor.

La correlación de fuerzas no es tan clara y aún existe la posibilidad de que se apruebe una norma que tenga más en cuenta los intereses de la población. En este sentido podemos observar cómo grandes proveedores de servicios de pagos no bancarios como Paypal o Stripe desmontan la narrativa de los bancos. Hasta ahora, todas las transacciones tenían que pasar por el sistema bancario, ya que eran los únicos con acceso a las reservas del banco central. Estas empresas llevan tiempo pidiendo igualdad de acceso a este tipo de dinero digital emitido por el banco central, y el euro digital podría suponer una apertura que acabe con el absurdo privilegio del que disfrutan hasta ahora los bancos.

También son muchas las organizaciones que, a pesar de la relativa falta de recursos, han resaltado la importancia de ciertos aspectos del diseño en beneficio de la sociedad. Tanto Positive Money como la Digital Euro Association o la asociación de protección de los consumidores BEUC han destacado desde hace algún tiempo un aspecto clave del proyecto: el euro digital debe diseñarse poniendo en el centro los intereses de las usuarias. Ideas que también recoge el representante de los socialistas europeos Paul Tang, quien señala que si no se puede ahorrar con euros digitales, es posible que la gente tampoco los utilice para realizar pagos.

La redistribución del poder de los bancos al resto de la sociedad que supone su adopción masiva requiere que, a pesar de tener inicialmente límites máximos por persona para dar tiempo a los bancos a adaptarse a la nueva situación, los vayamos aumentando progresivamente hasta eliminarlos por completo. Los miembros de algunas de estas asociaciones que pretenden reformar el sistema monetario, Vicky Van Eyck y Martijn van der Linden, concluyen en su reciente artículo que: “Los europeos merecen un euro digital que trascienda los estrechos intereses del lobby bancario y encarne la promesa de un panorama monetario y financiero más justo y competitivo”.

Aunque las monedas digitales de los bancos centrales pudieran acabar siendo mecanismos de control autoritario que pongan fin al efectivo, lo cierto es que no tiene por qué ser así

Aunque las monedas digitales de los bancos centrales pudieran acabar siendo mecanismos de control autoritario que pongan fin al efectivo, a la privacidad en las transacciones o a la libertad de uso, lo cierto es que no tiene por qué ser así. Todo depende de las decisiones de diseño que se tomen. Lo que está claro es que el potencial de mejora respecto al dinero privado de los bancos o de las grandes empresas tecnológicas es inmenso, y se pueden utilizar tecnologías de software libre con altos estándares de privacidad e interoperabilidad para evitar la proliferación de modelos de negocio basados ​​en la explotación de datos, tan típico de las grandes plataformas digitales.

De momento la propuesta europea reconoce el importante papel del efectivo y garantiza un nivel de privacidad similar al de éste para pequeñas transacciones y al de los depósitos para importes mayores, algo sobradamente posible a nivel técnico. Otras cuestiones como la posibilidad de que las cuentas digitales en euros sean remuneradas, que con ellas se puedan pagar impuestos, que las empresas también puedan atesorarlas, la mayor o menor discrecionalidad del BCE para cambiar aspectos de su diseño, su consideración o no como moneda de curso legal o que exista al menos un organismo público en cada país que pueda mediar en cómo los usuarios pueden utilizarla (enmienda curiosamente recogida por Stefan Berger de los populares europeos en el citado informe), también son aspectos clave que están actualmente sobre la mesa.

Mientras este importante debate se mantenga alejado del escrutinio público, las posibilidades de que los intereses bancarios se reflejen en la propuesta, o de que nunca sea aprobada, son mayores

Recientemente, representantes del BCE reconocieron en una nota a pie de página de su artículo, para mayor tranquilidad de los bancos, que la propuesta actual implica que no se cuestiona ninguno de los problemas del actual sistema monetario de dinero deuda bancario (para lo que según ellos necesitarían un mandato específico por parte de los órganos políticos de la UE) y que se pretende mantener su arquitectura básica basada en los depósitos, limitando el euro digital a su función como medio de pago. Pero lo cierto es que en el momento en que contamos con esta infraestructura de dinero digital público, las posibilidades ante una crisis bancaria se amplían, posibilitando una negociación más justa donde se puedan rescatar los depósitos dejando caer a las entidades causantes de la misma si se considera deseable. Ante una adopción masiva del euro digital sin límites, los bancos dejarían de ser esenciales y verían disminuida su capacidad para seguir creando dinero, cambiando así su modelo de negocio tradicional y acabando con sus privilegios y las crisis recurrentes que crean.

Mientras este importante debate se mantenga alejado del escrutinio público, las posibilidades de que los intereses bancarios se reflejen en la propuesta, o de que nunca sea aprobada, son mayores. Lejos de ser una cuestión puramente tecnocrática, encarna un momento político que definirá el futuro del sistema monetario europeo.