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Sin miedo a la Renta Básica

Artículo publicado originalmente en espacio-publico.com

Paco Cantero,
Coordinador del Grupo Futuro Alternativo,
Attac

Hoy analizamos un éxito y un fracaso del sistema. Celebramos como éxito, el hecho de que hay 10 millones de pensionistas que disfrutan desde el pasado mes de enero de una subida de su pensión de un 8,5%, algunos de ellos habituales asistentes de las concentraciones que convocan la derecha y la ultraderecha española en la Plaza de Colón de Madrid. Es un gran éxito el haber conseguido que existan estas pensiones, que aparte de la justicia distributiva, entra dentro del flujo circular de la renta, aunque los titulares de los medios de comunicación liberales hablan de “Gasto de Pensiones”.

¿Cómo que gasto? Es simplemente una redistribución de la renta.

Los pensionistas no están metiendo el dinero que reciben en un sumidero, no lo llevan a los Paraísos Fiscales, sino que lo gastan en el consumo, es una redistribución y a la vez, es un incentivo para la actividad económica.

Pero al mismo tiempo, frente a este éxito, se evidencia un gran fracaso del sistema: Mientras que la pensión máxima llega a los 3.000 euros mensuales, o incluso ese importe que lo puede alcanzar una unidad familiar de dos pensionistas, es una cantidad suficiente que permite mantener un nivel de vida holgada, hoy la mayoría de los jóvenes están percibiendo unos sueldos muy precarios. El IMV es un sistema complejo con infinitas trabas burocráticas, y al final, el objetivo es llegar a percibir alrededor de 6.000 euros al año, importe que muchos pensionistas cobrarían en 2 pagas mensuales.

Esto es un gran fracaso del sistema, y a los jóvenes no se les escucha su voz en los medios de comunicación, siendo los mayores beneficiarios de cualquier medida vinculada a un Ingreso Garantizado, ya que favorecería su emancipación.

Por eso, desde este grupo de reflexión, proponemos la implantación de la Renta Básica Universal, es decir, para TODA la población de forma individual, desde su nacimiento hasta su fallecimiento, de la misma forma que en la Sanidad Pública todas las personas, ricas y pobres, tienen derecho a ser atendidas. Para empezar, no importa la cuantía de su importe, pero debería tener tal grado de automatismo que haga innecesario cualquier prueba de recursos, ni cualquier otro papeleo para percibirla. Si consiguiéramos encontrar unas propuestas que produjeran este automatismo, estaríamos empezando el camino hacia una autentica Renta Básica Universal que cubriera las necesidades básicas para garantizar la existencia de toda la población y eliminara los niveles de pobreza extrema. Ahora bien, volvemos al pesimismo:

¿Tenemos en estos momentos en nuestro país una clase política con voluntad real de implantar una Renta Básica?

La respuesta es rotunda: No la hay, porque aquellos que lo llevaron como bandera, sobre todo la nueva izquierda emergente, cuando proponen sustanciar una medida de este tipo, ofrecen alternativas asistencialistas, y eso no tiene nada que ver con la Renta Básica.

La universalidad tiene la ventaja de no estigmatizar al perceptor con la etiqueta de pobre, y a los jóvenes les permitiría ver un horizonte de oportunidades donde desarrollar sus capacidades personales, bien sean artísticas, científicas, literarias, etc., y hacer aquello en que realmente se sientan realizados.

Uno de los problemas que observamos es que a nivel popular el concepto de Renta Básica no es aceptada por el desconocimiento que hay sobre ella. Nuestra batalla cultural sería intentar cambiar el concepto de asistencialista, que actualmente existe por un derecho ciudadano, dando un toque ilusionante a la racionalidad de la Renta Básica, aunque para esto debamos asumir los nuevos paradigmas respecto al concepto de trabajo que vemos imponerse día a día debido al desarrollo de las nuevas tecnologías, y en especial, la Inteligencia Artificial.

Cuando hablamos de “ciudadanía” en general debemos de aclarar que no todo son solamente derechos, sino también conlleva responsabilidad con la sociedad donde se vive. Aquí también es necesario aclarar que el derecho de ciudadanía no está en el pasaporte, sino que está en la residencia donde viven, tributan y consumen. Tenemos que desanclar el concepto de ciudadanía del de nacionalidad.

Todos observamos cómo están aumentando los problemas de salud mental debido a los niveles de incertidumbre que tenemos sobre el futuro, especialmente los jóvenes que están llegando a un nivel de desmotivación preocupante y que los hace pasivos. Recientemente hemos oído que el 44% de los jóvenes el año pasado han pensado en algún momento en quitarse la vida. Necesitamos discursos de esperanza, necesitamos recuperar la capacidad de pensar en cosas mejores, de pensar en términos positivos, en un futuro interesante.

El argumento que todo el mundo utiliza para oponerse a la Renta Básica es el enorme coste que supondría, pero:

¿Alguien se ha ocupado de calcular lo que nos cuesta NO tener una Renta Básica?

Los únicos cálculos que se conocen son lo poco competitivos que son los países con mayor desigualdad frente a otros con una mayor igualdad.  Es tiempo de asumir el cambio de época. Necesitamos un salto adelante en los derechos ciudadanos, iniciativas que potencien y apoyen las posibilidades de las redes locales, que ya no son individuales como nos propone el neoliberalismo, sino que serán colectivas.

En todo caso, todas las propuestas de Renta Básica van acompañadas de cambios tributarios que implican que, en términos netos, los que no la necesitan acaban devolviéndola vía impuestos y que el coste total se reduzca sustancialmente.

Por último, no debemos olvidar que los efectos de la Renta Básica Universal son transversales. No son un fin, sino un medio que afectaría la política fiscal, a la ecología, a las políticas sociales, a la España vaciada y, por supuesto, a las pensiones. Las experiencias piloto que se han puesto en marcha hasta la fecha han dado los siguientes resultados comprobados:

  • No se ha notado un especial efecto sobre el empleo, los perceptores han continuado trabajando, y aquellos que han optado por abandonar su puesto de trabajo, en una gran mayoría, era para completar sus estudios universitarios.
  • Se han incrementado las iniciativas empresariales, la Renta Básica les ha proporcionado un suelo de seguridad que les permite asumir el riesgo.
  • Algunas personas reducen su jornada laboral en favor de labores de cuidados, hobbies, voluntariado, etc., favoreciendo de esta forma la distribución del trabajo.

En todos los casos se ha observado que la Renta Básica aporta mayor seguridad, disminuye el estrés, mejora la salud mental, reduce el abandono escolar y la delincuencia…. Ventajas suficientes para apostar por su implantación.

Y no debemos olvidar la liberación que supone al personal de los servicios sociales para que se dediquen a lo suyo: a proteger a quien más lo necesite y no verse obligados a perseguir a los protegidos.

Notas:

(1) Síntesis del debate realizado en el seno del Grupo sobre La Redistribución y la Renta Básica.

ATTAC España, no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.