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Trabajo, producción y jornada laboral en el Reino de España

Ilustración: Imagen de pch.vector en Freepik

Publicado originalmente en sinpermiso.info

Albino Prada.

Según analizo en mi reciente ensayo “Trabajo y capital en el siglo XXI” (2022) para el caso de la economía española si las ganancias de productividad se hubiesen trasladado a la reducción de la jornada semanal tal como lo hicieron entre los años 1955-1985, en el año 2019 en vez de tener que trabajar durante unas 37 horas semanales de media tendríamos que disfrutar de una jornada semanal media de 26 horas.1Ahora en acceso abierto: https://secretaria.uvigo.gal/uv/web/publicaciones/public/show/378

En dicho ensayo también razono que para el año 2018, si redistribuimos las horas necesarias de trabajo anual para el conjunto de nuestra economía entre toda la población potencialmente activa (desempleados y mujeres sobre todo), la jornada semanal media resultante debiera estar en las 23 horas. Algo que beneficiaría sobre todo a las mujeres nominalmente inactivas, a las hoy ocupadas a tiempo parcial y a abrir un marco sensato a la conciliación de tareas.

Ambas posibilidades derivan de una mejora espectacular de la productividad que no se está concretando –como hizo en el pasado- en una reducción de jornada sino en crecientes rentas no salariales.

Con ese trasfondo analizaré aquí los últimos datos de la serie homogénea de la Contabilidad Nacional de España (CNE 1995-2019), tanto en lo relativo al valor añadido bruto generado en términos reales (VAB en índices) como al empleo en miles de horas y personas, entre el año 1995 y el 2019 que cierra el período pre-pandémico en España. Son casi 25 años de progresión de nuestra economía (con una crisis financiera e inmobiliaria por medio) en los que sería útil comprobar el potencial encaje de aquellas reducciones de jornadas.

EL CONJUNTO DE LA ECONOMÍA2Este apartado se publicó en el número de septiembre de 2022 de la revista “Alternativas Económicas

Lo primero que se comprueba para esos casi 25 años en España es que la jornada anual de los trabajadores apenas se reduce: es de alrededor de 1867 horas. Seguimos trabajando las mismas horas. Solo cuando ese cálculo se hace por persona, y no por puestos de trabajo a tiempo completo, las horas trabajadas se reducen. Pero el motivo es el creciente peso del empleo a tiempo parcial (sobre todo femenino) que hace bajar la media anual a unas 1683 horas.

Sin embargo la productividad global de nuestra economía fue en ascenso a lo largo de dicho período como se observa en un primer gráfico. Pues la brecha creciente entre las horas trabajadas y el valor añadido generado deja a las claras que, por ejemplo, con las mismas horas que en 2005 en 2019 fuimos capaces de generar un 27 % más de riqueza nacional. Y con la misma jornada de horas de trabajo anual por trabajador a tiempo completo.

De manera que en 2019 podríamos haber generado la misma riqueza que quince años atrás con los mismos ocupados pero trabajando apenas 1600 horas anuales por trabajador. Con lo que si la ganancia de productividad se hubiese trasladado a la jornada laboral estaríamos muy cerca ya de las 30 horas semanales, en vez de las más de 36 horas medias actuales.

Claro que esta es una simulación para el conjunto de nuestra economía y en apenas quince años. Las cosas se presentan aún más prometedoras (para la reducción de jornada) cuando observamos la evolución en determinados sectores productivos.

EL SECTOR DE LA AUTOMOCIÓN

En un segundo gráfico presentamos la evolución del sector de la automoción para los mismos parámetros considerados en el conjunto de nuestra economía.

En este caso la brecha de productividad entre las horas necesarias y el valor producido es mucho mayor y permanente. Porque ahora con menos horas que en 1995 (un 33% menos) se genera un valor muy superior al de aquel año (un 47% mayor).

De manera que en 2019 generar el mismo valor en la producción de automóviles que en 1995 podría hacerse realidad con muchísimas menos horas de trabajo humano. En vez de 330 millones llegaría con 173 millones y eso para los empleados de aquel año supondría pasar de 1714 a 896 horas anuales.

Casi la mitad de la jornada anual y semanal se podría haber disfrutado para realizar la misma producción, si todas las ganancias de productividad se tradujesen en mejoras de la jornada laboral. Claro está que nada de eso sucedió.

Todo lo contrario: con la misma jornada laboral que en 1995 donde antes trabajaban en el sector de la automoción casi doscientas mil personas, en 2019 ya solo lo hacían ciento cincuenta mil. Y en vez de trabajar menos de veinte horas a la semana aún seguían haciéndolo las consabidas treinta y seis horas.

EL SECTOR FINANCIERO

Para finalizar con el argumento de lo que pudo haber sido y no fue en España en relación a la jornada laboral (ya sea en cómputo anual de horas o en horas a la semana) parece oportuno fijarse en el sector financiero en la medida en que es un ejemplo paradigmático de la transición digital que viene acelerándose desde los años 90 del pasado siglo.

Como bien se observa en este tercer gráfico aquí la producción de riqueza al final del período más que duplica la cifra inicial (en términos reales) mientras que las horas de trabajo humano directo que se hacen necesarias se sitúan por debajo (un 33% menos). Doble producción con menos empleo.

¿Qué ha pasado con la jornada laboral en el sector financiero?. Que continúa en el entorno de las mil setecientas horas anuales sin apenas reducirse. Eso sí: con cincuenta mil ocupados menos. Doble de riqueza generada, con menos empleo y la misma jornada a tiempo completo.

Si hacemos el supuesto contra fáctico de que parte de las ganancias de productividad se trasladan a una menor jornada laboral de los ocupados podríamos tener en 2019 en el sector financiero los mismos ocupados del año 1995 trabajando mil trescientas horas a la semana en vez de mil setecientas (cerca de veinte horas semanales en vez de más de treinta) produciendo una riqueza del doble.

RESUMEN: JORNADA SEMANAL Y ANUAL

Tanto del análisis del conjunto de nuestra economía como de dos sectores característicos (automoción, servicios financieros) se deduce que conseguir el mismo nivel de riqueza en 2019 puede hacerse en España con una jornada laboral (anual, semanal) mucho más reducida que la del año 1995 y empleando, por tanto, a muchas más personas a ese (menor) tiempo completo.

Sin embargo en algunos sectores la situación ha sido justo la contraria: mayor producción con menos empleo y semejante jornada entre 1995-2019. Y para el conjunto de la economía una jornada laboral que no se reduce. Porque la pre distribución del trabajo y de la riqueza en nuestro sistema productivo se está realizando en favor de las rentas empresariales y de los inversores que acaparan todas las ganancias de productividad.

Es obvio que más empleo, menos desempleo y menores jornadas son perfectamente posibles sin necesidad de fiarlo todo a un crecimiento económico -y del consumo- insostenibles.

Pero en cómputo anual el número de horas trabajadas por los trabajadores que lo son a tiempo completo ha dejado de reducirse en los últimos cuarenta años tal como recogemos en la siguiente gráfica. Lo que, reitero, supone una inflexión sobre los efectos anotados en anteriores revoluciones tecnológicas.

De manera que la digitalización y la robotización de numerosas actividades no se estaría traduciendo desde 1980 (como en anteriores revoluciones tecnológicas) en una reducción de las horas trabajadas por los ocupados a tiempo completo. Lo único que se observa es un incremento más que notable de las ocupaciones a tiempo parcial. Como señala Muñoz de Bustillo se acelera el “… trabajo a tiempo parcial, mecanismo que traslada el coste salarial de la reducción a la clase trabajadora» (p. 315 de su monografía «Mitos y realidades del Estado del Bienestar«, Alianza, 2019).

MÁS AÑOS DE TRABAJO

Tampoco, sino todo lo contrario, se estaría traduciendo en una reducción de los años medios de vida laboral de los trabajadores. Pues la otra posibilidad para ganar tiempo liberado de la vida salarial, aunque sea con una semana laboral que no se reduce, sería resultado de que los años de vida laboral se fuesen haciendo cada vez menos. Si así fuese, en el cómputo del ciclo vital de una persona, las mejoras productivas se transformarían en un mayor margen para su vida privada.

Pero, a la vista de los datos que nos ofrece Eurostat, tampoco comprobamos en este asunto ninguna reducción. Bien al contrario: en los últimos veinte años habrían pasado de 31 a 35 años de vida laboral. Una tendencia que en este caso el documento “España 2050” lejos de frenar, busca consolidar (ver páginas 225 y 213). Una “solución” que no nos debe extrañar si cada vez más ocupados llegan a los 65 años con carreras laborales con largos períodos de cotización a tiempo parcial.

CONCLUSIÓN FINAL

Por una y otra vía la irrupción de la robotización, la inteligencia artificial, el big data no estaría favoreciendo que la mayor riqueza generada con esas nuevas tecnologías se transforme en un menor tiempo de trabajo para los ocupados. Ni en cómputo semanal ni en el ciclo de vida.

Las modernas tecnologías estarían favoreciendo a una minoría de mil millonarios y altos ejecutivos pero no al conjunto de la población. Más aún si reparamos en que, al no reducir la semana laboral ni los años de vida laboral, las oportunidades de empleo para una creciente población expulsada de labores más tradicionales serán cada vez más menguantes y, si acaso, en empleos a tiempo parcial.

La gestión neoliberal del cambio tecnológico desde los años 80 del pasado siglo está suponiendo una ruptura radical con las tendencias históricas previas. Ruptura que acarrea un deterioro de las expectativas para el conjunto de la población trabajadora, tanto en sus oportunidades de empleo como en que éste se beneficie (en horas e ingresos) del espectacular avance tecnológico de nuestras sociedades.3En el año 1986 se planteaba J.F. Engelberger (padre de la robótica industrial): “¿Quién dice que la semana de 40 horas es sagrada?¿Porqué no ha de bastar con una semana de 24 horas para proporcionarnos seguridad y comodidad” (en Minsky y otros “Robótica”, Planeta, Barcelona, página 181).

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    Este apartado se publicó en el número de septiembre de 2022 de la revista “Alternativas Económicas
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    En el año 1986 se planteaba J.F. Engelberger (padre de la robótica industrial): “¿Quién dice que la semana de 40 horas es sagrada?¿Porqué no ha de bastar con una semana de 24 horas para proporcionarnos seguridad y comodidad” (en Minsky y otros “Robótica”, Planeta, Barcelona, página 181).