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La Comisión Europea y sus profecías económicas autocumplidas

Foto: dimitrisvetsikas1969

Albino Prada. Publicado originalmente en Infolibre.

En sus previsiones de primavera la Comisión Europea estima que el impacto de la pandemia del coronavirus sobre la economía española provocará este año una aguda depresión económica, con una caída del 10% de la riqueza nacional, y un acelerado endeudamiento público del Estado español, con un déficit anual de diez puntos y el correspondiente incremento de la deuda. Algo que nos podría colocar a los pies de los caballos de los inversores y de una prima de riesgo desbocada, sobre todo si Alemania aplica al BCE la terapia de la reciente sentencia de su Tribunal Constitucional.

Los supuestos en los que descansa este tipo de futurología económica pueden considerarse de dos tipos: los que simplemente trasladan impactos en buena medida incontrolables (desplome de nuestros clientes externos, parálisis de la actividad interna por confinamientos) y otros que descansan en el mantenimiento (o no) de políticas de ingresos o gastos públicos. Es a estos segundos a los que me referiré aquí como profecías o deseos auto cumplidos. Profecías o deseos que responden a intereses de statu quo, pero que bien podrían modificarse en uno u otro sentido. Empecemos por el lado de los ingresos.

La profecía de ingresos

De los datos presentados por la Comisión Europea se deduce el siguiente gráfico que uno no sabe muy bien como interpretar.

Fuente: elaboración propia con datos de la Comisión Europea
Fuente: elaboración propia con datos de la Comisión Europea

Porque en sus cálculos la Comisión parece suponer que el Gobierno de España no se va a mover en absoluto para reducir la brecha fiscal que tenemos con la media de la Unión Europea. Algo que viniendo del Gobierno de la UE que en general está muy implicado en conseguir la convergencia o acercamiento de todos los Estados Miembros llama poderosamente la atención. Pues descontado que su planteamiento sea el de que el resto de la UE se acerque a la recaudación fiscal española (como porcentaje del PIB), lo que sería ultra liberalismo chiméricano, uno esperaría de la Comisión propuestas de reforma fiscal (no solo laborales o sobre la competencia) para que España corrigiese cuanto antes esa brecha fiscal. Y estimaciones de ingresos para 2020 y 2021 ajustados a esas propuestas.

Porque, como fácilmente se deduce, la cosa no es baladí: sin brecha fiscal con la UE, y sin variar para nada el desplome del PIB y los gastos públicos de los que a continuación nos ocupamos, España en vez de llegar a 2021 un déficit público del – 6,7% del PIB pasaría a anotar superávit. Suprimido el gorroneo fiscal interno España dejaría de engordar su bola de nieve de deuda, de engordar a los financieros que viven de parasitarla (muchos de ellos gorrones fiscales, ¡bingo¡) y de dar argumentos a los supremacistas centroeuropeos que jalean la indolencia de los deudores del sur que quieren vivir de sus impuestos. En vez de desmontar todo esto, la Comisión Europea supone alegremente que en España entre 2020 y 2021 se recaudarán unos sesenta mil millones menos de impuestos respecto a lo recaudado en 2019.

La profecía de los gastos

A estas alegrías o gorroneos fiscales en los ingresos la Comisión añade, por el lado de los gastos, un escaqueo no menos preocupante. Porque más de la mitad del déficit de este año será consecuencia (según la última revisión del Programa de Estabilidad elaborado por el Gobierno) de las mayores transferencias públicas. Sobre todo de nuevas prestaciones y ayudas a todo tipo de desempleados que ya suponían en abril siete millones de personas. Suponen más de cinco puntos sobre el PIB, de los diez puntos previstos de déficit público en 2020 por la Comisión Europea. Lo preocupante es que la Comisión suponga que esto será así y punto. Que toda esa factura la va a enfrentar el Gobierno de España.

Muy preocupante porque eso supone dilatar un ambicioso seguro de desempleo europeo del que la propia Comisión viene hablando para fundamentar una Europa social y no solo monetaria o de los mercados. Y porque para financiar dicho programa europeo no hace falta ni mutualizar, ni endeudar, ni monetizar deuda europea. Es suficiente con que el presupuesto federal de la UE deje de ser misérrimo en relación a lo que se supone de una Unión política y económica homologable a los Estados Unidos (ver aquí algunas propuestas). Si así se hiciese el déficit público de España pasaría a ser de la mitad del previsto para este año.

Complementariamente es también muy preocupante comprobar como en el citado Programa de Estabilidad el Gobierno de España apenas prevé poder incrementar la inversión pública este año (del 2% al 2,6%, apenas 0,6% del PIB). Con un déficit de diez puntos no parece que mucho más se pueda hacer en inversión pública. Pero es de nuevo aquí que la Comisión Europea debiera asumir lo que los Estados no pueden pero sí deben hacer: inversiones para energías renovables y eficiencia energética, para movilidad sostenible, para una digitalización (IA y big data) estratégicas y públicas, para dotaciones de salud pública, etc.

Y es que sin hacer esto ni generaremos el empleo de calidad que debe absorber el empleo destruido por la pandemia, ni modificaremos un patrón de actividades que se mostró muy poco resiliente ante este shock externo.

Conclusión

Esos dos programas de gasto europeo (protección al desempleo e inversión productiva) deben ser impulsados por la Comisión Europea. Que no haría otra cosa sino asumir las responsabilidades sociales y ambientales derivadas de la pasividad y falta de precaución (hacia el exterior y dentro de la UE) en que la Comisión incurrió en la crisis del coronavirus. Porque si la Comisión Europea y el presupuesto europeos no asumen ambas cosas y, al mismo tiempo, no exige al Gobierno de España una hoja de ruta clara para suprimir la brecha de gorroneo fiscal interno, no me cabe duda de que sus preocupantes previsiones serán al final aún mucho más dramáticas.

Sí, ya sé que hay otra forma de ver todo esto. Llamémosle estrategia de “tirar palante“. Porque se me dirá: si las previsiones del Gobierno y de la Comisión coinciden y se ajustan tanto en la caída del PIB como en el incremento del déficit, ¿todo bien no?, ¿qué problema hay?. Déjese Ud. de plantear cambios de agenda, vayamos con ese piloto automático.

Sucede que eso hace un mes ya era temerario, pero con la tormenta perfecta que se prepara para la segunda mitad de año yo recomendaría a los que así piensen el ir pensando en un rescate con memorándum de “entendimiento” (ya saben cómo se las gastan), o incluso en algo mucho peor. La incertidumbre, que no riesgo, sanitaria y social derivada de la contaminación biológica habría mutado en incertidumbre económica. Entraríamos en terreno desconocido.

Albino Prada es miembro de Ecobas y de Attac y autor del ensayo Crítica del hipercapitalismo digital (2019).

ATTAC no se identifica con las opiniones expresadas en los artículos que son responsabilidad de los autores de los mismos.

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