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Los multimillonarios duplican su capital mientras el nivel adquisitivo de la mayoría disminuye

Fotogragía: Una mujer pide en la calle en Madrid. ÁLVARO MINGUITO

Artículo original publicado en elsaltodiario.com por Redacción El Salto

Más de dos siglos harían falta para erradicar la pobreza si seguimos a este ritmo, concretamente serían necesarios 229 años. Faltaría mucho menos, solo una década, para que el mundo viera a su primer billonario. Es solo uno de los datos que refuerzan las conclusiones del último informe de Oxfam Intermón, Desigualdad S. A.: los ricos son más ricos mientras la población empobrecida ve disminuir su capacidad adquisitiva. A nivel nacional el panorama no mejora: el 10 % más rico de la población en España concentra más de la mitad de la riqueza, mientras que el 50% de los hogares más pobres apenas llegaron al 8 %.

Aunque a nadie le sorprende el panorama, el último estudio de la ONG aporta nuevas cifras concretas: la riqueza conjunta de los cinco hombres más ricos ha pasado de 405.000 millones de dólares en 2020 a 869.000 en la actualidad. El capitalismo sigue en plena forma: siete de las diez empresas más grandes del mundo tienen a un milmillonario como director ejecutivo o accionista principal. No solo eso: si se suma el valor de mercado de estas importantes corporaciones, la cifra alcanza los 10,2 billones de dólares, por encima del PIB combinado de todos los países de África y América Latina.

Los países ricos del Norte global (que en realidad acogen a solo dos de cada diez habitantes) poseen el 69 % de la riqueza mundial, y concentran el 74 % de la riqueza milmillonaria del mundo

Obviamente, que las empresas funcionen bien no quiere decir que sus personas empleadas tengan unas condiciones igualmente buenas: solo el 0,4 % de las 1.600 empresas más grandes e influyentes del mundo se comprometen públicamente a pagar a sus trabajadores y trabajadoras un salario digno. El informe de Oxfam Intermón resume en cuatro claves cómo la concentración de poder empresarial fomenta la desigualdad: premiando a los ricos, no a las personas trabajadoras; evadiendo y eludiendo impuestos; privatizando los servicios públicos e impulsando el colapso climático. Precisamente en respuesta a estas cuatro maneras la ONG propone tres líneas de actuación: revitalizar el Estado, regular el sector privado y reinventar el sector empresarial.

En el estudio se insiste también en que la desigualdad Norte-Sur sigue siendo evidente: a pesar del crecimiento económico del gigante chino, los países ricos del Norte global (que en realidad acogen a solo dos de cada diez habitantes) poseen el 69 % de la riqueza mundial, y concentran el 74 % de la riqueza milmillonaria del mundo. El 1 % más rico de la población tiene el 48 % de la riqueza financiera en Oriente Medio, el 50 % en Asia y el 47 % en Europa. Este mismo 1%, además, genera tantas emisiones de carbono como los dos tercios más pobres de la humanidad. 

La crisis, además, ha sentado bien a las grandes multinacionales: 14 compañías de petróleo y gas recibieron 144.000 millones de dólares en beneficios extraordinarios en 2022, y 190.000 millones en 2023; dos marcas de lujo incrementaron en los dos últimos años sus beneficios en un 120 %; 22 compañías del sector financiero obtuvieron ganancias extraordinarias de 36.000 millones en el último ejercicio económico; y 11 empresas farmacéuticas aumentaron sus beneficios en casi un 32% en 2022 en comparación con el promedio de 2018–21.

¿Y qué pasa a nivel estatal?

El estado de la cuestión no es mucho mejor a nivel nacional: en 2022, más de la mitad del valor de la riqueza en España se concentraba en manos de apenas un 10% de la población; y un 22%, en las del 1% más rico. Mientras tanto, los hogares que conforman el 50% más pobre apenas concentraban el 7% de la riqueza total del país y siguen empobreciéndose y disminuyendo su poder adquisitivo. En las dos últimas décadas, la desigualdad se ha acentuado: la diferencia entre el valor de la riqueza de un hogar situado en el 50% más pobre y otro del 10% más rico se ha duplicado.

Oxfam Intermón señala el creciente porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) que suponen las rentas de capital, concentradas en unas pocas personas, frente a las rentas del trabajo, como una de las causas principales de esta desigualdad, además de que se repite en el país la tendencia mundial de una gran concentración de poder corporativo. También hay otros factores: algunas empresas de algunos sectores han conseguido concentrar muchísimo poder y funcionar como oligopolios, como es el caso del sector eléctrico (Iberdrola, Endesa, Naturgy y Repsol han visto crecer exponencialmente sus beneficios), el de los combustibles fósiles (CEPSA y Repsol) y el de los bancos (Santander, BBVA y Caixabank).

Oxfam Intermón señala el creciente porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) que suponen las rentas de capital, concentradas en unas pocas personas, frente a las rentas del trabajo, como una de las causas principales de desigualdad

Además, la distribución de resultados se concentra en millonarias retribuciones a sus accionistas, pero en general no se traducen en creación de empleos, tal y como expresa el estudio de la ONG: mientras el beneficio antes de impuestos del conjunto de empresas analizadas experimentó un aumento del 16% en 2022 respecto a 2021, el empleo se ha mantenido estable (apenas creció un 0,1%) y se redujo (2% menos) respecto de 2020. En el mismo sentido, los salarios mejoran mucho para unos pocos y se van ensanchando las diferencias respecto de la mayoría de sus plantillas. Más concretamente: “El sueldo medio de los miembros del consejo de dirección del conjunto de grandes empresas analizadas aumentó un 19% entre 2021 y 2022 y un 45% desde 2020 mientras que el salario medio subió un 8% en 2022 y apenas un 9% desde 2020”.

El estudio de Oxfam Intermón enfocado en el ámbito nacional hace alusión también a otras cuestiones a abordar, como la brecha de género o el impacto ambiental de las grandes corporaciones, y hace hincapié en problemas relativos a la presencia de muchas de estas principales empresas en guaridas fiscales: cada año se canalizan 15.000 millones de euros de beneficios de empresas que tendrían que tributar en España, provocando unas pérdidas fiscales al sistema tributario nacional de 3.620 millones de euros. Para cada uno de los apartados, la ONG reseña determinadas recomendaciones para el Gobierno, desde regulaciones hasta medidas de impulso económico a otro tipo de empresas o puesta en marcha de modelos sociales que contribuyan a disminuir esta enorme desigualdad nacional y mundial.