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Politizar este momento histórico

Alicia Rius y Raúl Rodríguez

Publicado originalmente en Público.

Quienes llevamos años haciendo pedagogía de la necesidad de cambiar el paradigma económico capitalista por otro feminista, de la urgencia de sustituir este modelo hegemónico que coloca el beneficio y la acumulación ilimitada en el centro, por otro que coloque y proteja la vida en toda su diversidad, no nos imaginábamos que íbamos a vivir este cambio en primera persona. Y mucho menos que lo íbamos a hacer de manera global.

Cuántas veces nos han preguntado en esas sesiones pedagógicas qué significaba eso de poner la vida en el centro y cómo se hacía en medio de un sistema con un hambre voraz de tiempo, de recursos materiales y humanos. Casi tantas veces como nosotras hemos titubeado las respuestas sabiendo que éstas blandían más del esfuerzo local que de la respuesta global necesaria.

Las personas sensibilizadas con el cambio social y el decrecimiento, nos encontramos estupefactas ante la vivencia del mismo: A escala general la economía ha decrecido, el mundo ha (casi) parado y las personas nos dedicamos exactamente a tratar de mantenernos vivas. Lo interesante del experimento es que no lo estamos haciendo solas, sino que la escala es casi mundial. Llevamos días tratando de quitar el miedo que cruza esta situación y ver la oportunidad: el miedo a la pobreza, a la exclusión de las mayorías, miedo a un Estado que ha demostrado en otras ocasiones no estar comprometido ni a la altura de esas muchas vidas que se quedan en los márgenes de la política en situaciones como ésta (aun sabiendo que nunca hemos vivido una situación como ésta).

¿Alguien puede negar ahora que sin cuidados la sociedad entra en colapso?

La sociedad está experimentando en carne propia qué significa la vulnerabilidad de la vida, la interdependencia social y lo importante que es el cuidado de la vida en el centro del latido social. Nos hemos encarnado en personas vulnerables, cuya única y principal misión al día es cuidar la vida, en personas que han puesto blanco sobre negro las necesidades básicas de la vida frente a todas esas (muchas) necesidades accesorias.

No imaginábamos en el cercano 8M que los efectos de una “huelga de cuidados impuesta” por el Estado se iban a ver tan claros ¿alguien duda ahora de la importancia y el valor de unos trabajos (los de cuidados) frente a otros?, ¿alguien puede negar que sin cuidados la sociedad se paralizaría y entraría en colapso?

Es necesario superar el estado de shock para volver a politizar

Las emociones y estados de ánimo en esta situación se han amplificado; estamos viviendo un estado alterado, que es de toda la sociedad, reflejado en síntomas corporales, sintiendo los efectos del Shock: desorientación, falta de concentración, sensación de irrealidad, etc. Al mismo tiempo, las posibilidades, la creatividad y la ayuda mutua se multiplican.

Para transitar este proceso con bienestar, es importante pensar en este tiempo desde la mirada de fases. Podemos utilizar como referencia, las fases del duelo, teorizadas por la psiquiatra Elisabth Kubler Ross. Además de que algunas personas ya están viviendo este proceso de duelo, nos encontramos ante un duelo colectivo, una pérdida de quiénes éramos. Podemos decir que es una pérdida forzosa, traumática y es normal que la primera reacción sea estar en shock: congeladas, en lucha, queriendo huir.

Pero, sobre todo, tener tiempo para parar de verdad, porque estar en casa no significa parar. Lo estamos viendo ahora:  Escuela en casa, teletrabajar, responder a la mensajería instantánea, hablar con familiares, dar una vuelta por un museo famoso, etc. Nuestra cultura productivista en su máxima expresión, sumado a la ansiedad producida por esta situación. Por eso es importante tener rutinas y, dentro de ellas, espacios donde estar profundamente conectadas con parar. Una oportunidad para reconectarnos con las necesidades básicas y con la comunidad.

Reformular de una vez las vidas y trabajos que importan

Además, esta crisis está dejando ver las profundas desigualdades que existen. A veces no las vemos, pero siguen latentes. Y es que, esta situación no es lo mismo para una madre sola con hijos a su cargo, que para una familia amplia; ni es lo mismo tener casa en la que vivir, que tener que hacerlo en la calle, o en medio de una sentencia de ejecución de desahucio; o vivir en un contexto de soledad no deseada anterior; en una hogar lleno con violencia machista; encerrado en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE); en los campos de refugiados de la frontera entre Turquía y Grecia, por nombrar una zona próxima.

Por eso creemos que es importante salir pronto del estado de shock y volver a politizar este momento histórico. Es el momento, como dice nuestra amiga Vera Bartolomé, de la inteligencia práctica, de hacer política desde estos otros lugares que no son la calle, pero desde donde también nos conectamos. Son muchos los desafíos que tenemos por delante:

¿Podremos contar a las futuras generaciones que esta vez no dejamos fuera de la fórmula de reconstrucción social a nadie?

En suma, estamos ante la constatación de muchos de nuestros supuestos teóricos básicos: vulnerabilidad, interdependencia, desigualdad, potencial creativo y comunitario, trabajo de cuidados en el centro de la vida económica y social, y lucha por la diversidad de la vida. Esto significa que estamos ante una oportunidad de cambio histórica. Aprovechemos para pasar de manera consciente por nuestros cuerpos y también por el corpus político la necesidad de que este cambio permanezca más allá de la alarma. Y alegrémonos al menos del respiro que le estamos dando a la madre Tierra.

ALICIA RIUS

Experta en ecofeminismo y cofundadora del Instituto Mujeres y Cooperación, entidad socia del Grupo Cooperativo Tangente

RAÚL RODRÍGUEZ

Experto en psicología orientada a procesos y colaborador de Altekio, entidad socia del Grupo Cooperativo Tangente

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