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Riqueza, empleo y salarios no van de la mano

Albino Prada Blanco – Comisión JUFFIGLO ATTAC España

La llamada economía 4.0 –basada en la automatización generalizada con la aplicación de sistemas inteligentes y tecnologías de la información– va a suponer una aceleración sin precedentes de nuestra capacidad productiva con ahorros de mano de obra directa. Un proceso que ya está en marcha desde hace años y que plantea retos sociales de gran calado.

La paulatina ampliación de la riqueza generada en España en los veinte años que van entre 1995 y 2014 puede resumirse diciendo que hoy producimos casi un cincuenta por ciento más de riqueza (en euros constantes del año 2010 y según la Contabilidad Nacional del INE) en términos reales que dos décadas atrás. Como recogemos en un primer gráfico en la serie temporal del volumen del PIB (descontada la inflación) hoy somos un país un 50% más rico que en el año 1995. Cierto es que la crisis desencadenada en 2008 rompió la tendencia (en ese momento casi habíamos alcanzado un 60% más de riqueza) pero, aun así, el balance global es sin duda muy positivo.

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Fuente: elaboración propia con datos del INE

No obstante cuando comparamos en dicho gráfico esta evolución de la riqueza producida con la de las horas trabajadas por el conjunto de la población ocupada para generarla, nos encontramos con un comportamiento bien diferenciado: las horas necesarias de trabajo han aumentado a un ritmo muy inferior. La brecha entre el crecimiento de la producción y el crecimiento del trabajo necesario se va abriendo progresivamente a lo largo de todo el período para ampliarse de forma acelerada en los últimos años.

Globalmente podemos decir que en el último año (2014) generamos la misma riqueza en términos reales que en el año 2005, pero con una cantidad de horas de trabajo muy inferior. Exactamente casi 3600 millones menos de horas de trabajo (equivalentes a más de dos millones de empleos a tiempo completo). Este ahorro de jornadas de trabajo para producir la misma cantidad de riqueza se puede relatar con otra comparación: con las mismas horas de trabajo aplicadas en 2014, en el año 2001 la producción de riqueza en la economía española era muy inferior.

Es éste un proceso global que afecta a todos los sectores, pero si se desglosa se comprueba que es en las actividades industriales donde se anota de una forma más intensa. Si representamos en un segundo gráfico la relación entre ambas magnitudes (horas necesarias de trabajo por unidad de PIB) en las manufacturas a lo largo del mismo período se observa que aquella brecha se concreta ahora en una reducción del 25%. Si en 1995 eran necesarias 100 horas de trabajo directo, veinte años más tarde son necesarias 75 para obtener el mismo valor de la producción.

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Fuente: elaboración propia con datos del INE

Esta mutación económica, que acelerará sin duda la economía 4.0, tiene potentes consecuencias en muchas direcciones. Así, por ejemplo, cuando se plantean los graves problemas de sostenibilidad de nuestros sistemas de pensiones (que se financian con cotizaciones sobre el pago de las horas trabajadas) no debiera ignorarse que en 2014 España es un país igual de rico que en 2005, pero que -con toda certeza- los ingresos de nuestra seguridad social (en términos reales, descontada la inflación) serán inferiores debido a que el volumen de trabajo necesario es notablemente inferior.

Es así cómo la misma riqueza producida puede provocar paulatinamente menores ingresos del sistema de pensiones. Lo que genera un problema estructural de sostenibilidad que ha de corregirse modificando el sistema de financiación. Y hacerlo hacia fuentes de ingresos ajenas a los salarios y a las horas de trabajo necesarias para el funcionamiento de la economía.

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Este problema estructural puede visualizarse en un tercer gráfico para los años más recientes en Galicia en el que observamos cómo a causa de esa caída del trabajo necesario para producir la riqueza, son las remuneraciones de los asalariados (que dependen de aquellas horas totales empleadas) las que anotan un desplome singularmente intenso. Otras rentas, por el contario, apenas de habrían deteriorado durante esos últimos cinco años.

En relación a todo esto, y anticipándose a la actual economía 4.0, sostenía André Gorz ya hace treinta años que: “… la creación de una renta social independiente de la cantidad de trabajo realizado se impondrán de cualquier manera a medida que el coste del trabajo llegue a ser desdeñable para las producciones automatizadas, cada vez más numerosas”. (ver aquí)

Dicho de otra forma: el pago de una pensión mínima de jubilación, o de una renta mínima para desempleados, ha de financiarse y garantizarse vía impuestos (lo que el autor citado llama renta pagada por la máquina), dado que el sistema actual basado en financiarlos con ingresos que dependan de las horas de trabajo humano será -de forma imparable- crecientemente insuficiente. Y podrá hacerse así porque la riqueza generada, con muchas menos horas de trabajo, será cada vez mayor. Se trata de redistribuir la mayor riqueza social producida para que no acabe polarizándose en una minoría social.

Sin perder de vista que esa mayor riqueza derivada de una menor necesidad de horas de trabajo nos enfrenta a otro reto no menos estratégico: el de trabajar todos menos horas durante nuestra vida activa para poder participar todos en la producción de riqueza.

Lo contrario de la solución actual: horas extraordinarias por un lado y desempleados por otro. Porque si así no se hace, concluía Gorz : “una economía que porque utiliza cada vez menos trabajo distribuye cada vez menos salarios, desciende inexorablemente la pendiente del paro y la pauperización.”

Publicado en “La Voz de Galicia”

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