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¡Es la hora!

 Javier Echeverría Zabalza – ATTAC Navarra

proletariado_1_mayo_thumbEstos días estoy recordando de una forma muy viva una experiencia entrañable de mi infancia relacionada con los días de parva. Cuando allá por los años cincuenta todavía no había trilladoras, o sólo las tenían unos pocos ricos, la trilla se hacía en la era a base de parvas. Se extendía la mies y desde la mañana hasta pasado el mediodía había que triturarla a base de trillos manuales tirados por bueyes y yeguas. Una vez trillada, se recogía todo en un montón alargado dispuesto de manera que el cierzo le diera de frente para poder aventar y separar el grano de la paja. Pues bien, aquellos días, después de echar la siesta a la sombra cerca de la era, mi abuelo se ponía a pasear nervioso mirando al horizonte esperando el cierzo. De repente, venía rápido a donde estábamos los demás y decía: “venga, a prepararse todos, ya está aquí el bagurrin”. Era la forma de decirnos que ya había sentido el olor a bosque que precedía al cierzo y que había llegado la hora de ponerse para trabajar.

Ese recuerdo se hace tan vivo en mí estos días que me está haciendo rejuvenecer. Es la metáfora perfecta para lo que estamos viviendo en estos momentos. Se siente, se huele el cierzo del cambio. Se ve por momentos cómo la gente se va ilusionando. Se percibe la esperanza de que esta vez sí lo podemos conseguir. Cada día se implica más gente, gente de lo más diversa, que se atreve a pronunciarse y sumarse públicamente a esta marea plebeya.

Y el bagurrin también se huele en el otro lado, por el lado de quienes han hecho y deshecho a su antojo desde hace mucho tiempo. Sus métodos no son nuevos: manipulación, miedo y confrontación social, pero esta vez se hacen oler de otra manera. De ahí sus ataques furibundos, sus insultos, sus difamaciones y mentiras, sus gritos diciendo que vienen los comunistas y extremistas… Han estado tan ocupados robándonos nuestros derechos, nuestra riqueza, nuestra democracia, nuestra alegría y nuestra dignidad que no se han dado cuenta de que la gente se ha hecho mayor de edad y ya no nos hacen mella sus amenazas y mentiras.

Y sacan a pasear también la confrontación social. El otro día asistí al primer debate entre las seis cabezas de lista de las candidaturas con más peso electoral de Navarra. El representante de UPN-PP, Iñigo Alli, comenzó su primera intervención con una frase breve, contundente y con un tono alto y arrogante: “Nuestra ideología es Navarra”, dijo. Me quedé helado. Luego lo he pensado y veo que es lo de siempre; pero creo que ahora es, si cabe, más brutal. ¿Navarra es una ideología? ¿Navarra es su ideología? Creo que esa breve frase no puede recoger mejor la filosofía ultraderechista, al estilo más lepeniano. Navarra no es ninguna ideología. Navarra es el territorio donde vivimos las navarras y los navarros, los cuales tenemos una historia y una cultura y, sobre todo, unos derechos: de subsistencia, de vivienda, de trabajo, de unos servicios públicos de calidad, lingüísticos, culturales… Navarra es una tierra muy diversa y no se pueden contraponer los derechos de unas personas y los de otras: debemos garantizar que se cumplan los derechos de todas ellas.

Lo que sí es una ideología es el navarrismo. Una ideología que consiste en confrontar la mitad de la población de navarra contra la otra mitad, los derechos de la mitad de las personas que vivimos en Navarra contra los derechos de la otra mitad. Una auténtica monstruosidad desde el punto de vista social, político y democrático, que tiene como objetivo que se desvanezca la contraposición fundamental entre las élites -que están saqueando la riqueza y los derechos de todas las personas- y la inmensa mayoría de la sociedad. Eso lo hacen las ideologías más ultraderechistas en Europa, sólo que allí se suele confrontar “los de dentro contra los de fuera”. Y es una de las formas que tienen para justificar la avaricia de quienes practican la corrupción y gobiernan para unas pequeñas élites y el ataque a nuestros derechos. Como decía, no se han dado cuenta de los profundos cambios que ya se han producido en el seno de nuestra sociedad.

Sabemos que tenemos que ser prudentes, que tenemos que tener precaución, cautela, que tenemos que trabajar. Sabemos que a sus insultos, tenemos que contraponer nuestra sonrisa. A sus amenazas, nuestro trabajo. A su miedo, nuestra esperanza. Porque su miedo no es como el nuestro. Nosotras tenemos miedo de que nos quiten nuestra comida, nuestro trabajo, nuestra casa, nuestras pensiones, nuestros derechos, nuestra alegría, nuestra dignidad… Su miedo tiene que ver con la amenaza de no poder quitárnoslos. Y ese miedo suyo tiene que ver con el bagurrin que se huele ahora.

Por eso, aunque prudentes, cautos, precavidos y trabajadores, tenemos derecho a alegrarnos de que se sienta el cierzo del cambio. Eso sí, disfrutaremos de la hora de la ilusión y de la esperanza, pero poniéndonos los buzos, las botas, las gafas y los cascos para trabajar a tope todas y todos juntos. Los derechos nunca nos los han regalado. Los derechos se conquistan primero y se defienden después. ¡Bien sabemos lo que pasa cuando nos relajamos! Es la hora de responder a su miedo con nuestra alegría, a sus insidias y amenazas con nuestra sonrisa y con nuestra mano tendida para construir juntos un país de países en el que quepamos todos. Eso sí, también es la hora de la firmeza con esa élite que se va a resistir a no poder seguir saqueando nuestra riqueza y nuestros derechos, que va a seguir tratando de arrebatarnos el derecho a decidir todas las cuestiones importantes que nos afectan. Es la hora de construir pueblo, de avanzar en la unidad social y popular de los de abajo frente a los de arriba, frente a quienes nos han traído la desigualdad, la pobreza, la precariedad, frente a quienes nos han quitado nuestros derechos y les han robado el futuro a nuestros hijos y nietos, frente a quienes, si les dejamos, nos conducirán al desastre total.

El bagurrin era alegría, impulso para la acción, contagio para el trabajo conjunto y coordinado de todo el clan familiar: jóvenes y mayores, hombres y mujeres. Era la señal de que la cosecha llegaría al granero antes del anochecer. Nuestro bagurrin actual es la señal de que ha llegado el momento de ponernos a trabajar para recoger los frutos de las luchas y sufrimientos de tantos años y de tanta gente, es la esperanza y la ilusión de que esta vez sí se va a poder formar un gobierno de la gente y que haga políticas que favorezcan a la gente, es la invitación a participar activamente y organizarnos porque, aunque conquistar el gobierno sea imprescindible, sólo con eso no basta: es preciso estar activas y alerta para defender cada paso que se dé, cada derecho que volvamos a conquistar. Compañeros y compañeras, es la hora de la calle, es la hora de los y las de abajo, es la hora de un gobierno progresista. ¡ES LA HORA!

Javier Echeverría Zabalza es miembro  de Unidos Podemos.

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