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Europa en crisis

 Iñigo Muerza Erroz – ATTAC Navarra-Nafarroa

Europa está en crisis, en una crisis que ya no es sólo económica sino también social, política e institucional. Estamos viviendo un momento histórico no porque esto sea un buen eslogan de campaña para algún partido político sino porque lo que estamos viviendo es el final de un ciclo económico y político marcado por la predominancia de las tesis que desde finales de los años setenta han marcado el camino a gobiernos y poderes fácticos.

La Unión Europea y el Euro han sido proyectos diseñados e implementados durante el ciclo que ahora se cierra siguiendo religiosamente consignas como la estabilidad presupuestaria o la lucha contra la inflación frente a la búsqueda del pleno empleo o la reducción de las desigualdades. La des-regularización ha sido uno de sus grandes mantras y la venta del paraíso terrenal a través de estímulos a la oferta su gran auto-engaño. Mientras el ciclo económico ha sido favorable no ha habido grandes tensiones, pero en el momento en el que se han cambiado las tornas (2007) este modelo se ha revelado como impotente a la hora de conseguir detener la desaceleración económica de la Unión y como totalmente incapaz de reconducir su economía a la senda del crecimiento.

Una parte significativa de los periodos de crecimiento experimentados desde los años ochenta y hasta el estallido de la crisis de las hipotecas subprime estaba basada en la deconstrucción del Estado del Bienestar, levantado en el ciclo anterior.  En esta deconstrucción los Estados han ido desempeñando un papel cada vez más insignificante como principales agentes reguladores de sus economías —con la política fiscal y la política monetaria como instrumentos fundamentales— en favor de una banca que —con el crédito como mejor herramienta— se ha visto muy favorecida por las privatizaciones de los sectores estratégicos y por la desregularización del sector fianciero.

Otra parte se ha basado en la tradicional explotación de los recursos energéticos —verdadero talón de Aquiles europeo— en otros lugares del planeta mediante la injerencia en sus sistemas de gobierno o mediante la intervención militar, directa o indirecta.

El resultado lo estamos viendo en estos momentos: una economía al borde de la estanflación —ojo al precio del petroleo—, crecimiento de las desigualdades económicas y sociales dentro de los límites de la UE y desesperación, miseria y muerte en las postrimerias de dichos límites.

Y la población reaccionando. Esta va lentamente dando la espalda a quienes considera responsables de esta situación y, por ello, los partidos políticos —sean del color o la tradición que sean— que han estado en mayor o menor medida participando de un juego y unos equilibrios agonizantes van sufriendo un fuerte desgaste por toda la Unión a la vez que nuevos agentes políticos entran en escena con inusitada fuerza. En algunos casos azuzando el miedo y manejando discursos y visiones etnocéntricas pero en otros casos desde la justicia social, la solidaridad y la defensa de los valores democráticos.

Y es en este último grupo donde puede residir en estos momentos la última esperanza de sacar a la UE una senda marcada por la desigualdad y la insolidaridad y de salvar un proyecto cada vez más cuestionado por sus miembros. Para ello será imprescindible que se extienda el surgimiento del segundo grupo de nuevos actores políticos que, marcados por los valores indicados, trabajen en sus territorios y en la Unión aunando capacidad y voluntad para llevar a cabo transformaciones sociales y políticas profundas. Capacidad mediante la articulación y la representación de mayorías suficientes y voluntad sostenida gracias a la independencia frente a los poderes financieros.

Primero en Grecia, luego en Portugal y España, y ahora en Francia estamos diciendo: ¡Basta!

 

Iñigo Muerza Erroz, miembro de Podemos Ahal dugu

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