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Los déficits públicos y la Teoría Monetaria Moderna

Ernesto Ruiz Uretanuevatribuna

El viento favorable de la economía no nos deja apreciar debidamente la desastrosa política económica del actual  partido en el gobierno en nuestro país. Debemos tener en cuenta para apreciarla,  la bajada de precios del petróleo, las medidas de expansión monetaria tomadas por la Unión Europea, la marcha de jóvenes e inmigrantes que dan respiro a los datos del paro, el incremento del turismo debido a la huída de los países en guerra y de aquellos menos seguros, junto con la devaluación interna que ha contribuido a que en hostelería tengamos salarios de esclavitud y mejores precios. Encontramos además otro efecto positivo no buscado y basado en la incompetencia de las decisiones políticas tomadas. Me refiero al estímulo económico que han podido ocasionar los continuos déficits que los presupuestos públicos han venido consolidando año tras año (1).

Nos decía Lerner que “La principal responsabilidad del gobierno (que no puede ser asumida por nadie más) es la de mantener una proporción de gasto total en bienes y servicios que no sea ni mayor ni menor que la proporción que permitiría adquirir a precios actuales todos los bienes que es posible producir. Si se permite que el gasto total supere este umbral, se generará inflación, y si se permite que esté por debajo, se generará desempleo (2)”.

Es claro que cuando la producción está en los almacenes sin nadie que la compre y hay personas en paro dispuestas a prestar servicios esenciales o no. Es decir cuando el gasto privado se derrumba y como consecuencia al haber menos ingresos públicos los déficits aumentan, la respuesta correcta como ya nos dijo Keynes sea aumentar el gasto público, no recortarlo como ha hecho este gobierno tomando medidas austericidas y carentes de toda lógica económica. Los déficits públicos, debemos comprenderlo bien, son la única fuente de activos financieros netos que tiene el sector privado, el sector no público como bien dice la Teoría Monetaria Moderna (TMM).

La TMM hace dos proposiciones: 1. Los superávits fiscales destruyen riqueza no pública y 2. Los déficits fiscales aumentan la riqueza no pública. Los superávits públicos contribuyen al ahorro nacional, pero “el ahorro es producto de un gasto corriente anterior para mejorar las posibilidades de gasto futuras y sólo se aplica a entidades no públicas restringidas financieramente, como por ejemplo los hogares (3)”. Es decir que el ahorro de los hogares y de las empresas es un gasto que podía haber sido y no fue en aras a poder cubrir un gasto, inversión o no, futuro. Pero este ahorro es un activo monetario que permanece ocioso durante el tiempo del ahorro, salvo especulación financiera, y, por tanto, fuera del circuito de la economía real.

En la TMM se mantiene que “Los  superávits fiscales, o bien destruyen riqueza privada al obligar al sector privado a liquidar su patrimonio para conseguir dinero en metálico,  o bien destruyen liquidez reduciendo los saldos de cuentas de reserva, lo cual es deflacionario (4)”. Cuando el Estado ha gastado menos de lo que ha recaudado por impuestos, ha drenado los ahorros y la disponibilidad de gasto de las empresas y hogares, lo que nos permite deducir que tanto la inversión como el consumo caerá y esto determinará una ralentización de la economía.

Por lo tanto “si el sector no público desea acumular ahorros netos en la moneda emitida por el gobierno, el gobierno tiene que incurrir en déficit (5)”. Es lógico que si el Estado tiene superávit es que lo que ha recaudado del resto de los sectores es superior a lo que ha volcado, gastado, en inversión y consumo, en la economía de su país. Y ello se traduce en que ha inmovilizado unos recursos que la sociedad ha perdido. Ya que “un gobierno emisor de moneda no ahorra en su propia moneda. Los superávits fiscales no representan ‘ahorros públicos’ que puedan ser usados para financiar gastos públicos futuros. El ahorro es producto de un gasto corriente anterior para mejorar las posibilidades de gasto futuras y sólo se aplica a entidades no públicas restringidas financieramente, como por ejemplo los hogares. Un gobierno emisor de moneda nunca tiene necesidad de financiar con anterioridad sus gastos y por tanto nunca tiene necesidad de ahorrar (6)”.

En todo caso y “En último término, la decisión del sector doméstico privado de aumentar su ahorro neto y reducir sus niveles de deuda interactuará con el drenaje fiscal proveniente de los superávits y sumirá a la economía en la recesión (7)”.

España con las tasas de desempleo que tenemos somos un país despilfarrador de recursos ya que los servicios los ofrecen las personas y las políticas que se siguen prescinden de millones de ellas que podrían contribuir a la mejora de los servicios dados por la sociedad. “Los recursos ociosos [y no sólo de trabajadores sino también de bienes y equipos] nos dicen que el déficit público es demasiado bajo o que el superávit es demasiado grande”. El déficit público cuando existen suficientes bienes en el mercado genera mayores niveles de riqueza para los hogares y empresas. “el gasto público inyecta activos financieros en el sistema que no solo satisfacen ‘necesidades humanas fundamentales’, sino que dichos activos ‘cambian continuamente de manos [y] multiplican su eficacia gracias al intercambio (8)”.

En fin pero estamos en Europa y Europa mantiene atados a los países anclados en el euro a una política monetaria dolorosamente cruel con los débiles.


(1) Es posible que los déficits públicos crecientes se dediquen sólo a pagar deuda pública y con ello pierdan el poder de hacer crecer la economía.
(2) Lerner
(3) Mitchell, William (2016) La distopía del Euro.
(4) Ibídem.
(5) Ibídem.
(6) Ibídem.
(7) Ibídem.
(8) Ibídem.

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