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Teoría y práctica del capitalismo ilimitado (Introducción y 1ª parte)

Albino Prada  albinoprada@gmail.com

Introducción [1]

En el período de tiempo que va desde el crack de 1929 a la llegada de M. Thatcher y R. Reagan a los gobiernos del Reino Unido y Estados Unidos “Friedman y su mentor F. Hayek protegían con suma paciencia la llama del capitalismo en estado puro, sin empañarse por los intentos keynesianos para crear riquezas colectivas que fueran la base de una sociedad más justa” (42). En palabras del propio Hayek se trataba de evitar así el camino de servidumbre y la “fatal arrogancia de los que pretenden que el hombre puede moldear a su gusto la realidad circundante”, aludiendo especialmente [2] a “los socialistas como Einstein, Monod y Rusell, así como a Keynes”.

Será ésta una apuesta exitosa durante décadas que entraría en colapso financiero en 2008, aunque –paradójicamente- la gestionarán proactivamente sus discípulos (usando así la riqueza colectiva para superar un shock que provocaron ellos mismos) a lo largo y ancho de Europa. De igual marea que convirtieron el 11S de 2001 en una oportunidad para liderar la política internacional de los años siguientes (Irak, Afganistan, …), convertirán el crack económico de 2008 en una oportunidad para revitalizar su catecismo económico ultra liberal (como bien sabemos en los países europeos calificados como PIGS).

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[1] Referencias en cursiva del libro “La doctrina del shock”, Naomi Klein (2007), Paidós, sólo se cita la página entre paréntesis. También se cita “Hayek sobre Hayek” de F.A. Hayek (Unión Editorial 2010) (edición en inglés de 1994 elaborada con notas autobiográficas y entrevistas radiofónicas) y “La fatal arrogancia”(Hayek, 1988) (también cito por la edición de 1990 de Unión Editorial)

[2] (Hayek 1988: 63 y 118)

 

Un relato diacrónico

Hagamos un poco de historia. En 1947 Friedman se unió a Hayek para formar la Sociedad Mont Pelerin (84). Aquel año el profesor Friedrich A. von Hayek había convocado a treinta y seis intelectuales, la mayoría economistas, junto con historiadores y filósofos, en elHotel du Parc en la villa de Mont Pelerin, cerca de las ciudades de Montreux y Vevey en Suiza, para discutir la situación y el posible destino del liberalismo tanto a nivel teórico como en la práctica. El grupo tomó el nombre de Sociedad Mont Pelerin en referencia al lugar donde transcurrió este primer encuentro [i]. Célebres economistas pertenecientes a dicha Sociedad, además del propio Hayek (Nobel en 1974) fueron Friedman (que lo recibe en 1976), George Stigler (1982), James M. Buchanan (1986), Maurice Allais (1988), Ronald Coase(1991), Gary Becker (1992) o Vernon Smith (2002).

hayek

F. A. Hayek (1899-1992)

Friedman y sus colegas de la Escuela de Chicago (Hayek impartirá allí clases durante los años 50; eran llamadoslos austriacos) proponen una utopía de los emprendedores que nos llevaría a la perfección y al equilibrio; liberarse del Estado para que el libre mercado pueda desplegar su canto; un capitalismo puro, ilimitado, no contaminado [ii]. Tal como Hayek ve las cosas sería indudable [iii] “la superioridad que en esto tiene el mercado, ya que la cantidad de información utilizable por las autoridades es siempre muy limitada, y el mercado hace uso de una cantidad de información infinitamente mayor del que cualquier autoridad podría hacer jamás”.

Friedman

M. Friedman (1912-2006)

En sus memorias Hayek recuerda como en 1931 se le invitó a la London School of Economics, por parte de Lionel Robbins, porque era la persona que [iv] “necesitamos en este momento para hacer frente a Keynes; se me llamó, pues, con ese propósito”. Porque para él las ideas de estado del bienestar, redistributivas o de imposición justa eran formas indirectas –y más peligrosas que el comunismo- de control de la economía y, por tanto, de destrucción del orden del mercado [v].

Pasados los años y con Nixon como presidente de EE.UU. en 1969 Friedman colocó como asesores a G. Shultz y D. Rumsfeld [vi], dos de sus discípulos que lo reverenciaban; aunque en la crisis de 1971 el presidente no siguió sus consejos (179), sí facilitaría la decisiva influencia que sus correligionarios iban a tener en el cataclismo social del Chile de Pinochet.

En las dos décadas que van desde 1983 en adelante personajes de este perfil iban a ocupar posiciones clave en el FMI y el Banco Mundial, oficializado en el denominado “Consenso de Washington” (222). Y con las administraciones Bush desde 1995 tendrán cada vez mayor influencia (33) favoreciendo desde la privatización del tráfico aéreo (396), a la de los sectores armamentísticos o de la seguridad (188). Como justo colofón en 2007 el gobernador de California declarará el día 29 de enero como Día de Milton Friedman (43).

Hayek había señalado ya en 1944 que en la Alemania de 1928 con el 53% de la renta en manos de los Gobiernos, lo público “domina indirectamente casi la vida económica entera de la nación”, y Friedman para un 45% de dicho rateo en los Estados Unidos concluía en 1994 que [vii] “a ambos lados del Atlántico, no es muy exagerado decir que predicamos el individualismo y capitalismo competitivo, y practicamos el socialismo”.

Hayek no era menos radical [viii]: “tengo la teoría de que todos los economistas que entran al servicio del gobierno acaban por corromperse sólo por eso”.

Con estas premisas Friedman asesorará en Chile a Pinochet en marzo de 1975 (115 y ss.). La Junta militar chilena había adoptado inmediatamente la metáfora de la enfermedad que utilizó Friedman; para curarse de la misma había que perseverar con reducción de gasto público y privatizaciones en masa (sanidad, educación, pensiones, finanzas, etc.), aunque ello llevase el desempleo al 20%. José Piñera, artífice de la privatización de la Seguridad Social, declaró haber tenido tal idea leyendo Capitalismo y Libertad.

Fueron muchos los que se acercarían a ver en persona el que fue llamado laboratorio chileno; entre ellos el propio F. Hayek que viajó al Chile de Pinochet en varias ocasiones y que en 1981 escogió Viña del Mar (la ciudad en la que se tramó el golpe) para celebrar la convención regional de la Sociedad Mont Pelerin (120).

Pero en 1982 Chile alcanzó un 30% de paro con hiperinflación (121): “al borde de la debacle, casi todos los de Chicago perdieron sus influyentes puestos en el gobierno, incluyendo a Sergio de Castro (Ministro de Economía y Finanzas); muchos otros licenciados de Chicago tenían altos cargos en las empresas de los pirañas y fueron investigados por fraude, con lo que se desvaneció la fachada de neutralidad científica tan fundamental para la identidad que se habían construido los de Chicago” (121).

Según se relata en el espléndido ensayo de Naomi Klein: “Cuando Friedrich Hayek, santo patrón de la Escuela de Chicago, regresó de una visita a Chile en 1981, estaba tan impresionado por Augusto Pinochet y los de Chicago que allí conoció que inmediatamente se sentó a escribir una carta a su amiga Margaret Thatcher, primera ministra de Gran Bretaña. En ella la instaba a utilizar el país sudamericano como modelo para transformar la economía keynesiana británica. Thatcher y Pinochet acabarían compartiendo una sólida amistad, de la que trascendió la famosa visita de Thatcher al anciano general cuando éste se hallaba bajo arresto domiciliario en Inglaterra, acusado de genocidio, tortura y terrorismo.

La primera ministra británica estaba sobradamente familiarizada con el que ella misma calificó de «extraordinario éxito de la economía chilena», que describió, además, como «un impactante ejemplo de reforma económica del que podemos extraer numerosas lecciones». Pero, pese a la admiración de Thatcher por Pinochet, cuando Hayek le sugirió por primera vez que emulara las políticas de terapia de shock que aquél había impuesto en Chile, la primera ministra no pareció quedarse, ni mucho menos, convencida. En febrero de 1982, Thatcher no se anduvo con rodeos para explicarle el problema a su gurú intelectual en una carta privada: «Estoy segura de que usted entenderá que, en Gran Bretaña, dadas nuestras instituciones democráticas y la necesidad que aquí existe de alcanzar un elevado nivel de consenso, algunas de las medidas adoptadas en Chile son del todo inaceptables. Nuestra reforma debe ser conforme a nuestras tradiciones y a nuestra Constitución, aunque, a veces, el proceso pueda parecer exasperantemente lento»” (177).

No obstante en el año 1984, después del éxito en la guerra de las Malvinas, Thatcher lanzará una ofensiva contra los poderosos sindicatos mineros del carbón y entre 1984-1988 procederá a una privatización masiva (186 y ss). Como sostenía entonces Friedman “Solo una crisis –real o percibida como tal- produce un verdadero cambio … (entonces) … lo políticamente imposible se convierte en políticamente inevitable” (189).

Mientras tanto, ya en 1980 Deng Xiaoping invitará a Friedman a visitar China para impartir tutorías a centenares de funcionarios de alto nivel; les vendió el ejemplo de Hong Kong y la idea de que las libertades políticas son secundarias o innecesarias en relación a la libertad de comercio. En 1988 Friedman y su esposa quedarán fascinados por los avances de Shanghai y pronosticó a Zhao Ziyang (secretario general del PCC) en una reunión de varias horas progresos aún más extraordinarios si hacía más énfasis en los mercados privados libres. Así la ley marcial de 1989 acompañará a la masacre de Tiananmen aunque, para los inversores extranjeros y para el partido, habría sido un arreglo con el que todos ellos salen ganando (248 y ss.).

En el año 1991 en Rusia Yeltsin  gobernará, después de un golpe de Estado, asesorado por un equipo de liberales declarados seguidores de F. Hayek y de la Escuela de Chicago de M. Friedman (299). Stiglitz –por aquel entonces economista principal en el Banco Mundial- los denominó bolcheviques del mercado.

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[i] Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_Mont_Pelerin; un relato en primera persona del propio Hayek puede leerse en Hayek (2010: 187 y ss.)

[ii]  Otros Institutos como el Heritage, el Cato o el American Enterprise Institute difunden estas ideas. O la serie de TV Free to Choose patrocinada por un puñado de multinacionales (GM. Pepsi, Firestone, …) (190)

[iii] Hayek (2010: 120)

[iv] Hayek (2010: 116)

[v] Hayek (2010: 157); no obstante en una entrevista radiofónica emitida el 22 de abril de 1945 con dos profesores de la Universidad de Chicago llega a admitir (para EE.UU.) múltiples formas de complementar el mercado: limitación de la jornada laboral, salario mínimo, protección civil, sistema público de seguridad social, ingreso mínimo asegurado, subsidio de desempleo, etc. (op. cit. pp. 158 y ss.). Incluso afirma en ella que “nadie duda que el gobierno tiene importantes funciones que ejercer en la provisión de las condiciones conducentes a un nivel de empleo elevado y sostenido” (p. 167). En ese punto preguntado sobre si el Banco de la Reserva Federal incurre en su “camino de servidumbre” contesta con un rotundo no. El entrevistador apostilla “me parece que usted permite mucha más planificación pública de los que muchos de sus lectores en este país han supuesto” (p. 165) (probablemente uno de ellos fuese Milton Friedman).

[vi] Que llegará a ser determinante en las políticas de Presidente Bush en 2001 (382 y ss.). Friedman considera que debió haber sido Rumsfeld el que relevara a Reagan y no Bush (388), sobre las actividades empresariales armamentísticas de Rumsfeld (388-389).

[vii] Hayek (1944: 149) (Camino de servidumbre, cito por la edición de Unión Editorial de 2008), Friedman en las pp. 358-359 de la misma edición (prólogo a la edición inglesa de 1994)

[viii] Hayek (2010: 138) 

 

Albino Prada. Profesor de Economía. Universidad de Vigo

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